ESPAÑOLES EN TAPARRABOS

Nostalgia de los bosques será, pero el caso es que las dos entradas aparecidas aquí después de mi larga estancia entre árboles, moscas y manantiales van casualmente de
Tarzánidos. Un mito este de los más queridos en esta casa, ejemplo idóneo de ficción añeja de las que hoy no resisten estos tiempos de tiranía y corrección política. De todo dirían ahora de la criatura creada por don
Edgar Rice Burroughs, de todo y poco bueno. Que si racista, que si colonialista, que si patatín y que si patatán. No fue lo mismo cuando apareció, allá por 1912. Entonces el colosal éxito del
Hombre Mono lo que hizo fue que proliferasen las imitaciones, en un Occidente orgulloso y seguro de sí mismo. Sin complejos, que diría la derechona...




Entre estos (muchos de los cuales pueden conocer a través del excelente blogo
Colgados de la liana), un nada despreciable montón de ibéricas criaturas tarzanescas. Intención de este anciano es, les guste o no, presentarles a todos ellos. Justicia y no otra cosa es lo que me lleva a reivindicar aquí a
Pequeño Pantera Negra, a
Tamar, a
Tirzá el dominador de las fieras,
Ultus el Rey de la Selva o al mismísimo
Tarzán el Niño Mono. Abultada nómina de
Españoles en Taparrabos nacidos entre los años veinte y los cincuenta. Por alguno había que empezar, inaugura pues la Galería este
Nanuk, el Hombre Fiera.






Es colección de folletines editada por la catalana
Gato Negro hacia 1930, traigo aquí todas sus portadas, para que noi se quejen.
Nanuk es niño criado en la jungla cuando sus padres, hacendados en África, perecen víctima de un ataque de sus salvajes habitantes.
Alberto Simpson es su nombre cristiano,
Dolly hará las veces de
Jane.
Nanuk ejerce justicia en sus bosques, persiguiendo cazadores, matando caníbales, apuñalando rinocerontes de triste mirada. Exploradores a punto de ser devorados por cocodrilos, damas en
top less acechadas por gorilas, traviesos elefantes o pérfidos blancos son habitantes acostumbrados en su mundo singular.





Ganado a la civilización por el amor de su novia Dolly,
Nanuk acabará por convertirse, como todo buen tarzánido, en un burgués educado y formal. Con el título de ingeniero bajo el brazo, criará a sus vástagos, varones como es debido, entre la urbe y la jungla, a fin de que conozcan las mañas y malas artes de ambos mundos y se endurezcan, viriles como él mismo.




Se desconoce, como suele suceder en estas publicaciones, quienes son los creadores de
Nanuk. El texto viene como siempre sin firmar, las cubiertas llevan a veces unas iniciales -
J. A., que según me indica el sabio
Dionisio Platel corresponden a
J. Ariet, misterioso colaborador de
Gato Negro del que bien poca cosa se sabe. Lo que no es óbice, desde luego, para ensoñarse con estas estéticas olvidadas, evocadoras y hoy casi definitivamente perdidas...




