Deticated to my grandson Ryan Heshka, great artist and a big fan of Gutmaga
De la maravillosa, qué digo, ¡inmortal! colección de cromos de 1946 Frankenstein y el Hombre Lobo ya les di noticia, como recordarán los más devotos entre los nietucos, hace un porrón de años, AQUÍ. Así que antes de empezar a ver esta entrada de hoy, no sean holgazanes y pinchen en el enlace para repasar lo que en su día les conté. Hala, gandulacios, a trabajar!!
No suele su Abuelito, ya lo saben, repetirse a menudo, y eso que cada día está más gagá... ¿Por qué, se preguntarán entonces, nos trae hoy nuevas escenas de este singular álbum de cromos? Muy sencillo: porque en su día tuve que enseñarles, a falta de otra cosa, fotocopias de los mismos... Mas hoy, rebuscando entre los cajones y papeles del Desván, he encontrado nada menos que los cromos originales, que son los que en inigualada calidad les muestro. Una buena excusa para volver sobre un tema que jamás dejará de contar con mi devoción.
Es este álbum una de las mejores historietas -pues como tal está estructurado- de miedo de la posguerra. Imágenes tenebrosas que transmiten como ningunas otras las esencias llenas de sombra y amenaza de los filmes de la Gloriosa Universal; terror de a peseta en blanco y negro sincero y expresivo cuya fuerza no puede igualar ningún maestro del dibujo por más que su técnica sea mejor que la de Gutmaga... magia de papel, de ese que transporta, como en un conjuro, al lector hacia épocas y mundos que creía perdidos para siempre en el pasado...
Con ellas les dejo hasta la semana que viene, que me he enterado que dentro de nada matan al hijo de dios y prefiero largarme al bosque antes que aguantar la barahúnda que año tras año arman sus acólitos... ¡¡Hasta entonces, nietales todos!!




































