2010-03-13

Ulises contra Hércules

ULISES CONTRA HÉRCULES
Director: Mario Caiano. Con Georges Marchal, Mike Lane, Alessandra Panaro, Dominique Boschero, Raffaella Carrá. Italia, 1961

Satisface ensueños muy primarios, vaya usted a saber por qué, el ver en pantalla a gigantescos colosos enfrentándose a mamporros contra peligros sobrenaturales de cartón piedra; por eso nunca suelo desdeñar la visión de cualquier peplum protagonizado por Maciste, Hércules, Ursus u otra de las titánicas encarnaciones del Dios del Vigor Físico. La lástima es que la decepción acecha muy a menudo, apenas algunas excepciones se salvan de la mediocridad y la rutina.


Ulises contra Hércules es una de ellas, y de las más sonadas. Y eso que el actor que encarna a Hércules es tan inepto que pese a sus músculos no se lo cree nadie; que el presupuesto, sin ser limitado, no alcanza ni de lejos el de otras producciones; y que es filme moderno, de 1961, fecha demasiado avanzada para quien les habla.

La imaginación, ay, suple todas estas carencias con creces. Por haber cegado al cíclope Polifemo, hijo de Neptuno, Zeus encarga castigar a Ulises, mandando a Hércules a la Tierra para que capture al de Itaca y le encierre para siempre. Menos mal que este Hércules resulta ser más simple que un botijo, y se deja engañar una y otra vez por el astuto Ulises, en una peripecia que no va a conocer tregua.
Starlettes rubias vestidas de plumas, tribus de híbridos hombres-pájaro, trogoloditas monstruosos, mujeres cautivas -entre ellas la jovencita Raffaella Carrá- y monarcas locos, todo compone una suerte de Tierra de las Maravillas donde los titanes van encontrándose y desencontrándose. Un clima muy mitológico, en el que puede verse a los dioses con sus impolutas túnicas paseando por el Monte Olimpo mientras se chinchan unos a otros, a Prometeo encadenado en su roca o a Mercurio de correveidile de Zeus, cosas muy de agradecer y francamente raras en esta clase de películas.


Un rey de deformes cavernícolas se dedica a raptar doncellas con las que satisfacer sus repugnates caprichos, combatirle será la excusa que ha de unir las voluntades de Hércules y Ulises haciendo nacer su amistad. Nada que quede fuera de las reglas del género, ya lo ven. Para qué queremos más cuando la acción no decae ni un momento, no se pierde entre los habituales y aburridos conflictos palaciegos ni en las innumerables peleas, ambas cosas estomagantes cuando se prodigan en exceso. Aquí todo está medido con reloj minucioso y exacto.

Sus pautas estéticas son las del peplum, festivas, desenfadadas, intrascendentes. Si quieren saber de qué va este cine, vean este filme, además de los de Bava y Cotafavi. Honrado, entretenido, lo suficientemente bien trabado y sobrado de imaginación para que el cinéfilo ortodoxo esboce una sonrisa condescendien-te y pase de largo ante él. ¡Pero qué atrevida es la ignorancia...!

2010-03-09

El primer Drácula español

EL PRIMER DRÁCULA ESPAÑOL
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Este, qué duda cabe, es un blogo para voyeurs. No creo pues que ninguno entre ustedes vaya a poner el más mínimo inconveniente en tragarse lo que hoy les traigo: las ilustraciones de la primera impresión de Drácula que vio la luz en nuestra Piel de Toro.

Apareció en 1935, en la colección de formato pulp -como corresponde a su naturaleza- La novela Aventura, que la casa Hymsa publicaba desde Barcelona. Durante casi treinta años fue la única edición publicada en España.

La portada, con ese ser que más parece el mexicano Monje Loco que el vampírico aristócrata, es de Juan Pablo Bocquet, sin ser en absoluto descartable que esté "inspirada" por alguna otra norteamericana...
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Las ilustraciones interiores, de las que les enseño una muestra, son de un tal Femenía, del que poco puedo contarles, salvo constatar su presencia en algunas colecciones de este período pre-bélico. Presentan a un Conde nada lugosiano, muy apegado en cambio, con esos mostachos, a la descripción que de él hace Stoker. Y sí, son algo ingenuas, mas no podrán negar que poseen cierta fueza salvaje...

2010-03-04

Jan of the jungle

SAVAGE FURY
Director: Lew Landers. Con Noah Beery, Dorothy Short, Harry Woods, John Davidson. USA, 1935.

Siempre tendrán cabida en este rincón los tarzánidos y los seriales. No digamos pues un serial con tarzánido... Manía mía es, lo reconozco, pues son temas que al parecer no interesan al común de los mortales. Yo sigo erre que erre con mis reseñas, pensando siempre en hablar de películas de las que a mí me gustaría leer y no encuentro nada sobre ellas. Acaso sea el único ser humano sobre la faz de la tierra que se interese por ellas, pero por si las moscas, voy a seguir aquí divulgando inutilidades, no sea que haya alguien más adicto a las emociones baratas en blanco y negro... Uno al menos conozco, en el hemisferio sur del planeta...

Jan de la Jungla es un pulp tan inspirado en la creación de Edgar Rice Burroughs que roza la copia pura y simple. Lo mismo ocurre con su versión en cine, un serial de doce capítulos del que conozco la feature version, o sea, su compresión en largometraje.

Este Jan es un niño que vive con sus papás en la jungla; una desdichada noche un león se come a su mamá, mientras el pobre infante huye hacia la selva acompañado de un chimpancé.

La siguiente escena muestra al muchacho ya crecidito, convertido por arte de birlibirloque en un Tarzán que se balancea de las lianas, luce taparrabos y efectúa las labores propias de su oficio. Aparece un barco, el chico es capturado, hay un naufragio, conoce a una chica y finalmente acaba en el Reino Perdido de Mu, un lugar habitado por gentes con toda clase de disfraces, civilización entre medieval y tecnológica, como el Mongo de Flash Gordon.

Plato cocinado con ingredientes muy familiares, casi un collage hecho de otros filmes, con negros que lanzan sonidos guturales, intriga en torno a una fórmula secreta, tigres, muchos brincos por los árboles y malvados en salacott. Jan resulta algo escuchimizado, no pelea con fieras y continuamente es puesto fuera de combate, como si fuese consciente de su incapacidad para igualar las hazañas del personaje original. A tono con él, todo en el filme tiene un aire de segunda mano, con decorados, vestuarios y stock shots de saldo.
Hay, sin embargo algunos hallazgos no por conocidos menos valiosos: el volcán, el consabido terremoto, la llegada al mundo de Mu a través de una cueva defendida por un Rayo de la Muerte. Todo sin escapar a ese agradable perfume a modesto carnaval, a tebeo de tercera clase de los que tanto me gustan, más que suficiente para hacerse perdonar sus evidentes limitaciones.

2010-03-03

Viejo cine en episodios

DON CARLOS Y LOS SERIALES
Que los libreros de lance son una especie de mercaderes necesarios para la supervivencia humana, es cosa que seguramente todos ustedes, adictos al papel amarillento, saben tan bien como yo. Por mucho que gusten de aprovecharse de nuestra enfermedad y exprimirnos con sus precios... ¡qué sería de nosotros sin estos alejandrinos conservadores de lo efímero!

Viene la perorata a cuenta del hallazgo que ayer realicé en uno de tales establecimientos, en los que me siento casi tan a gusto como en el mismo Desván. Nada menos que el único estudio monográfico publicado en España sobre mis amados seriales -con permiso de la enciclopedia El Cine de Buru Lan, que sabiamente les consagra un capítulo entero- escrito por un prosista de primera, el antiguo republicano, hoy nacional, don Carlos Fernández Cuenca, crítico de cine en el Madrid de la inmediata posguerra. Viejo cine en episodios es su nombre. Pásmense con la belleza de la portada...

Publicó esta joya la editorial Rialto (la misma de los cuadernos de aventuras Diamante Negro) en 1943. Don Carlos se centra, con su prosa aguda y sabia, en los años silentes del género. Y proporciona inmensidad de datos valiosísimos, que de no haber sido por su labor hoy estarían perdidos para siempre. Como agua de mayo han caído sobre mis neuronas, ávidas siempre de conocimientos, tanto como de imágenes de esta clase, publicadas todas en este libro excelso.

Habla de los orígenes, de las producciones americanas y francesas, de seriales italianos y alemanes, de actores, productores y gentes del medio. Y da noticia de las realizaciones españolas, de una de las cuales ya les hablé aquí.
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Y sobre todo evoca, revive una época completa, de los estudios de rodaje al local "con olor a muchedumbre" donde finalmente el filme proyectado encuentra su sentido. Lo hace con tal habilidad y amor por lo narrado que al leerlo parece crecer sobre nuestro pecho corbata, chaleco y reloj de bolsillo; mutados en espectadores de 1920, saldríamos a la calle en busca de un cine capaz de satisfacer nuestras urgencias sino supiésemos que hacerlo hoy es cosa de orates. Menos mal que existe la burrita cibernética...

Y para colmo, observen qué fino colofón corona la obra. Es 1943, y don Carlos, lejos de celebrar Años Triunfales de la Victoria y demás pamplinas, la consagra al Advenimiento Glorioso del Serial. O película de episodios, que bien diserta como buen castellano sobre el nombre que merece el género...

2010-02-24

Episodios y aventuras de S

Nuestra errática sección
SUPERHOMBRES IBÉRICOS presenta
AVENTURAS DE "S"


No encontrarán ustedes, por más que se esfuercen, superhéroe tan educado como "S". Enfrentarse a aspirantes a dueño del mundo, vampiros del año 3000 o gorilas metafísicos de fuego no es excusa para perder la impasibildad ni los buenos modales.

Este superhombre de capa y chistera fue concebido en 1947 por el guionista Canellas Casals, viejo conocido de esta página, escritor de folletines como El último Vampiro o Un viaje al planeta Marte. Su dibujante no es otro que el gran catalán Serra Massana, de quien ya les hablé, entre otros sitios, aquí y aquí.
Sí, piensan acertadamente: para la fecha en que son creadas, estas páginas parecen mucho más antiguas. Serra Massana ilustra sin estridencias, Canellas cuenta prodigios que ya en los cuarenta suenan antañones. Una página nada más, de abigarradas y diminutas viñetas, dura cada uno de los episodios del superhombre de la gomina y los guantes blanquinegros.

Apareció "S" en su propia revista, editada por Ediciones TBO, un bastión contra el lenguaje apresurado y funcional que caracteriza al resto de tebeos españoles. "S" necesita su tiempo para desgranar las virtudes inacabables de su pistola atómica, hacer largas disquisiciones sobre los ingenios criminales a los que se enfrenta, o afear su conducta a los malvados de turno, normalmente tan atildados como él mismo.

Un superhéroe olvidado, digno sin embargo de eterno recuerdo, testimonio de modos elegantes y pausados hoy desgraciada y definitivamente caducos. Pésimo gusto el de este mundo nuestro, ay...