2011-01-24

Parsifal

PARSIFAL
Director: Daniel Mangrané (y Carlos Serrano de Osma). Con Gustavo Rojo, Ludmila Tcherina, Félix de Pomés, Alfonso Estela. España, 1951

Hay contados filmes que desde su misma concepción aspiren a la condición de rarezas. Éste del que hoy les hablo es español, de 1951, época y lugar poco dados a extravagancias o singularidades; se sitúa sin embargo voluntariamente en un territorio único en el que sólo cabe él mismo. Vean que comienzo: en medio de las ruinas de la Tercera Guerra Mundial dos soldados encuentran un librote sobre el atril de una derruida iglesia. En él se cuenta la historia de Parsifal y su búsqueda del Santo Grial, la copa en la que bebió Cristo, acaecida en tierras hispánicas allá por el siglo V.

Esta primera parte, en la que se da noticia del nacimiento prodigioso de Parsifal -no sería digno héroe si su llegada al mundo no estuviese rodeada de misterio- y su crianza entre los bosques, resulta semejante a filmes grandes como Los nibelungos de Lang o La corona de hierro (1941), el clásico del cine fascista que facturase Alessandro Blasetti. Ya saben: buena fotografía, nula intención de naturalismo, combates cuidadosamente coreografiados, encuadres de aire pictórico, vestuarios recargados, estéticas añejas.

Abundan, en este caso, las hordas cuasi troglodíticas vestidas de pieles y con grandes barbas, opuestas en su salvajismo a cuanto representa la Orden Custodia del Grial, caballeros mitad monje, mitad soldado que habitan entre las cumbres del sagrado Montserrat. Y las sibilas, los augurios, las venganzas... entre un paisaje de regustos metafísicos donde la niebla, los inmensos cielos y la sobrehumana proporción de las montañas delatan su pertenencia a Otro Mundo. El de la Tradición, con mayúsculas, para bien y para mal netamente europeo, cristiano y muy español.

Toda la lucha entre el malvado Klingsor, caudillo bárbaro de mirada lugosiana, y Parsifal, el conquistador del Grial, mantiene un tono arrebatado, como de Luz contra Tinieblas, misticismo barato de andar por casa. Y es que no en vano la historia está basada en Ricardo Wagner, tal vez el más hondamente kitsch de los artistas. Solemnidad y trascendencia la hay para dar y vender, un poco demasiada incluso para quienes no tenemos empacho en devorar cuantos excesos estéticos se pongan ante nuestros ojos y lo hacemos a gusto, además.

Oropeles, artificios y una religiosidad radical y muy rancia acaban por empachar y se acercan, peligrosos, a lo llanamente cursi. Mas hay también en Parsifal toneladas de magia, una historia inusual, algunas imágenes difíciles de olvidar -el Jardín de los Pecados Capitales, por ejemplo-, una estética que tan pronto emborracha como empalaga y un tono tan inusual en el cine español -y en cualquier otro, qué diantres- que termina por convertirla en puro delirio. Acercamiento al fantástico tan frailuno como prodigioso: en todo caso, único...

2011-01-19

Cerdos como nosotros

LA CERDA Y EL CERDITO
Hoy me siento pródigo, tal vez por no visitar este rincón con la frecuencia que deseara, y he decidido instruirles con un relato entero, sin recortes ni selecciones como suele ser costumbre en esta casa. De la mano del genial ilustrador Luis Palao, conocido de ustedes, va ahí íntegramente La cerda y el cerdito, narración popular en versión años treinta.
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Sombría fábula sobre la vanidad, el disimulo, la ingratitud, la aceptación social... que aúna el urdir folletinesco y su estética necesariamente super realista, con la carnalidad irreal que corresponde a su calidad de cuento.
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Lean y deleítense con esta pieza maestra, llena de expresivos animales vestidos que no dejan de producir cierta inquietud, pródiga en mordiscos y gruñidos, con un final atroz. Oscura, amarga y rebosante de humor negro... justo como me gusta a mí.
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2011-01-13

Ellos podían fumar

EL HUMO DE LOS HÉROES

Que antaño los buenos fumaban es cosa que casi todo el mundo sabe. Fumaba Errol Flynn mientras liberaba Dodge City; lo hacía Bogart entre ajuste y ajuste de cuentas; no desdeñaban Gary Cooper o Juan Wayne el cigarrillo después de una buena pelea; hasta las grandes damas aspiraban humo sin que nadie pareciese escandalizarse.
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Con la llegada al poder de esta comunidad de ursulinas disfrazadas de progresistas que hoy día disfrutamos, las cosas han cambiado mucho. Ahora solo fuman los malos, los muy malos, los recalcitrantemente malos. El héroe se rodea de muñecos de peluche y procura no infringir a sus enemigos -caso de que le dejen tenerlos- demasiado daño. Y de fumar, claro está, ni hablar. Que obesidad y tabaquismo han sido elevados a la categoría de pecados mayúsculos, mortales, imperdonables.

Durante el siglo XX espirales de humo acompañaron el devenir del héroe. Incluso en los tebeos, dirigidos -¡oh escándalo!- a los niños, esa especie sacrosanta a la que en nombre de la corrección política se intenta preservar en un hipócrita limbo inane hasta que aprenda, y cuanto antes, las mañas consumistas del adulto.

Fumaba el sargento Gorila, colilla en labio incluso mientras ametrallaba coreanos; fumaba el vaquero Bob Tayler cuando su revólver aún humeaba; lo hacían cuantos detectives de papel en el mundo han sido, del Inspector Dan a Ricardo Manteca o el elegante americano Rip Kirby: la pipa es herramienta fundamental de su arsenal profesional, miren como el Inspector H la convierte en inequívoco signo de identidad. Cachimba y lupa siempre por delante, sin hacer ascos tampoco al más vulgar cigarrillo.

Ya digo, el tabaco siempre acompañó al héroe. Pero si hubo uno que hizo de él adminículo inseparable, ese fue El Jinete Fantasma, el enmascarado libertador de California, un gran éxito que Ambrós (el dibujante de Trueno, ya lo saben) y don Federico Amorós pergeñasen durante los cuarenta para editorial Grafidea. Su fumar era elegante sin llegar a lo atildado, un punto chulesco, irónico y a la vez viril. Entre mandoble y mandoble, buenas caladas al pitillo. Hasta su ayudante Crispín comparte, y bien temprano, tal afición.

No era llegada la tiranía de lo correcto, en nombre de la cual se nos reduce a todos a la categoría de tiernos infantes. Aquí les dejo, para su reflexión, unos cuantos testimonios gráficos que van de 1941 a 1966. Atenderé cuando lo deseen a quien tenga curiosidad de conocer a cada uno de estos personajes y sus autores... Y ustedes fumen, o no lo hagan: decidan por sí mismos, que para eso son ya mayorcitos y viven en esta bendita era de la información...

2011-01-09

Ya llegó el 2011

LAS FIERAS HUMANAS
Ya llegó el 2011, año que se prevé agitado, era en que las ganas de cortar cabezas, hacer tropelías y tomarse a chufla a tanto poder del que nos está friendo vivos me temo que no va a hacer sino acrecentarse. Nada mejor para ilustrar tal estado de ánimo que estas imágenes del genial Melchor Niubó, alias Niel (el mejor portadista de folletín de todos los tiempos, conocido de todos ustedes por haberles hablado ya de él AQUÍ). Hasta yo, que soy hombre pacífico, me siento tentado de acompañar en sus correrías a estos cabreados revolucionarios y poner a bailar a más de uno después de muerto...

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Folletín breve, de ocho números tan solo, publicado por Gato Negro en los primeros años treinta, y de una crudeza y salvajismo visuales pocas veces igualados. De nada falta en cuanto a suplicios se refiere. Muy generosamente me envía estas imágenes don Fernando Eguidazu, el hombre que más sabe de folletines de España, autor de un libro absolutamente obligado -"Del folletín al bolsilibro"- en el que cuenta con pelos y señales la historia de este medio rico y loco hoy fenecido... Miren sino lo que les dije AQUÍ cuando salió tan gran estudio, y apresúrense a compralo si aún no lo han hecho... No han de arrepentirse, de eso estoy seguro.