2008-11-18

Chandú the magician / The strange Mr. Gregory

Hoy se dedica la sección Grandes personas con bigote al actor Edmund Lowe.
---------
Un señor maduro, con clase y un punto melancólico que hoy apenas sería recordado si no fuese por su participación en el género fantástico, que como los fans estamos todos medio locos, pues no nos cuesta nada magnificar e idolatrar desaforadamente a cuantos intervienen en él.

Procedente del cine mudo, en el que fue galán sin paliativos y primera figura, Lowe incursionó en el sonoro como secundario para recalar después en los infiernos de la serie B y las producciones de los estudios pobres de Hollywood. La televisión de los cincuenta lo rescató y le proporcionó digna jubilación. Lowe tuvo al menos tres papeles protagónicos en el género de géneros, casualmente haciendo de mago en todas las ocasiones: en The Spider (1931) y en las dos que echaron ayer en Canal Desván; voy ya con ellas.
CHANDÚ THE MAGICIAN
Director: W. Cameron Menzies y Marcel Varnel. Con Edmund Lowe, Bela Lugosi, Irene Ware, Henry B. Walthall. USA, 1932

Nada menos que don Guillermo Cameron Menzies, el mayor genio de la puesta en escena que el cine ha dado, interviene en Chandú el Mago como codirector. Basta que recuerden algunos de sus logros más sonados (El ladrón de Bagdad 1924, La vida futura 1936, Esmeralda la Cíngara 1939) para que se den cuenta de que gracias a él nos encontramos ante uno de los grandes títulos del fantástico de los treinta, depurado y magnífico.

Basada en un serial radiofónico, la película narra el enfrentamiento entre Chandú, el yogui bueno, licenciado en magia por la Escuela Superior de la India, y Roxor, nigromante malo que aspira a hacerse con un rayo destructor capaz de reventar ciudades enteras, casualmente inventado por el cuñado de Chandú. Todo muy en la línea de una época fascinada por la magia, la prestigitación a lo Houdini, el espiritismo o los Seres Superiores que madame Blavatsky, la fundadora de la Teosofía, había descrito como amos secretos del destino humano y residentes en el Tíbet. Antes de crear el clásico del cómic Mandrake el Mago (1934), Lee Falk debió de verse varias veces esta película, porque su personaje es idéntico en físico, poderes y orígenes a Chandú.

Mezcla afortunada de exotismo colonial -turbantes, zocos, mercado de esclavos- con ciencia ficción y terror -maquinarias frankesteinescas con chispas y centellas-, de desarrollo folletinesco sin que falten gloriosos lugares comunes como la hipnosis, los templos subterráneos o las estatuas vivientes, el filme se beneficia de grandes intérpretes además de Lowe: San Bela Lugosi construye uno de sus mejores personajes, exagerado, gesticulante, demoníaco, puro arquetipo. Y el gracioso, personaje habitual del fantástico de los treinta, es aquí un borrachín con fez a quien se le aparece continuamente su Mini Yo en escenas de indudable fuerza bizarra.

Puro zumo de pulp concentrado, sin colorantes ni conservantes.

THE STRANGE MR. GREGORYDirector: Phil Rosen. Con Edmund Lowe, Jean Rogers, Donald Douglas, Marjorie Hoshelle. USA, 1945

Mago a lo Aleister Crowley, por quien tanta devoción se tiene en este Desván; como él, perverso y decadente es el personaje encarnado en esta ocasión por Mr. Lowe.
Gregorio el Grande le llaman en los escenarios donde efectúa inocuos números de prestidigitación para ganarse el pan; hipnotizador e investigador de la magia negra y la animación suspendida en su peligrosa vida privada, lo que realmente apasiona a Mr. Gregory es lanzar sobre las mujeres su mirada magnética para perturbarlas hasta la raíz y despertar en ellas los instintos más primarios. Y no para hasta conseguirlas, justo como acostumbraba Crowley en el mundo real.

El hecho de encapricharse de una dama casada no hace sino complicar la existencia del mago, obligado para conseguir su objetivo a mantenerse como muerto por espacio de tres meses que pasa enterrado en una cripta y metidito en su ataúd. Una retorcida trama que no tengo intención de desvelar se sigue a este gimmick inicial; grave, sobreactuado y sin la sombra de Lugosi sobre él, Lowe se crece en un doble papel al que llena de majestad y misterio.

Es una producción Monogram, con todo lo que esto conlleva: austeridad de medios, gran pulso narrativo, guión al borde del absurdo, solventes intérpretes, ausencia de alardes de ningún tipo.
A medio camino entre el filme de terror y el policial extravagante, lo que para los amantes del género significa placentera garantía. Como la dirección del prolífico Phil Rosen, otro de los Hombres de Una Sola Toma capaz de facturar cine entretenido y sin pretensiones en apenas un par de semanas de rodaje, como demuestra en esta serie Z fresca aún como una lechuga, por tantos conceptos ejemplar.

2008-11-14

Purk el Hombre de Piedra

Continuando la serie CAVERNÍCOLAS ESPAÑOLES toca hoy traer, nobleza obliga, al más conocido entre todos ellos, Purk el Hombre de Piedra.
Desde 1949, año en que nace del genio de Manuel Gago, el Hombre de Piedra vive su azarosa existencia de doscientas diez entregas en una prehistoria mítica, universo de monstruos, titanes y damas terribles. Además, claro está, de otras especies hoy extinguidas: humanos voladores, humanos roedores, humanos vampiros, centauros, gorilas acorazados, hasta hombres con testa de rinoceronte. Tiempos megalíticos delirantes, sólo superados por otras incursiones del autor en el género, Piel de Lobo y Castor, a quienes les presentaré próximamente. Cabe el honor a Gago de ser el único dibujante español que crease héroes cavernícolas.

Lila, su señora, con quien matrimonia en rito precristiano, le acompaña en su deambular por el mundo troglodita. También Sandar, una especie de ahijado, ayuda a Purk en sus justicieras intervenciones, casi siempre dirimidas a palos en duelos espectaculares a lanza y garrote.

Maravillosa prehistoria imaginada. Yo la cambio muy a gusto por cuanta certeza pueda salir de Atapuerca.

2008-11-11

The Gamma people

THE GAMMA PEOPLE
Director: John Gilling. Con Paul Douglas, Eva Bartok, Leslie Philips, Walter Rilla. Gran Bretaña, 1955.

Dos pasajeros de un tren, un flemático inglés de fino mostacho y un americano grandote, rico y de modales rudos, van a parar por accidente al país de Gudavia, uno de esos territorios centroeuropeos de mentiras, como la Syldavia de Tintín. Allí, tras ser recibidos por unos soldados de opereta, son conducidos a la única posada, donde pueden darse cuenta de que la mitad del país está compuesta por niños con uniforme como de las Hitlerjügend que abroncan a la población con soflamas políticas autoritarias.




El Ciudadano Número Uno de Gudavia es el Doctor Brodsky, inventor que no para de irradiar a la población con sus locos aparatos de rayos Gamma, con los que consigue crear a voluntad imbéciles o niños superdotados y fanáticos, todos sometidos a su voluntad.

Lo que parecía amable comedia se va tornando opresiva parábola sobre los totalitarismos, con un país aislado, sin correos, teléfono o ferrocarril, suspicaz y vigilado por una omnipresente red de gentes Gamma al servicio del poder como en los paraísos socialistas de Albania, la República Democrática de Alemania o Corea del Norte. Con el cerebro lavado, un tema derivado de la mitología comunista que interesa mucho en la cultura popular de los cincuenta.
-
Metáfora hecha desde el género, con sabio loco en su castillo, aparatos de ciencia ficción rudimentaria, hombres que se comportan como zombies asesinos y final con incendio del laboratorio incluido. Inteligente y realizada con buen pulso y hasta con humor por John Gilling, el mismo que un poco más tarde firma dos clásicos de la Hammer de 1966, La plaga de los zombies (1966) y el maravilloso pulp de monstruos El reptil, este Pueblo Gamma resulta rara avis apta para ser degustada por los paladares más sofisticados.

Niñas de la Dictablanda

LAS VACACIONES DE PEPITA

Así dieron algunos en llamarla, Dictablanda, que no sé yo hasta qué punto fue blanda, pese a la sintonía personal del general con Largo Caballero y a la flexibilidad grande en materia de sexo.

Tiempos los años veinte, con Primo de Rivera de dictador mussoliniano, bastante más abiertos y tolerantes que los que nos esperarían hoy si por una de aquellas los amigos de Rouco Varela llegasen al poder y pudiesen hacer lo que les viniese en gana. Otra vez todo tapado, como con Arias Salgado. A rezar y a callar.

Ha aparecido por el Desván esta novelita publicada en Barcelona en 1928, que cuenta los cuernos que mutuamente se pone un matrimonio caliente y bien avenido, y de cómo se llega a un entente que satisface a marido, a mujer y a varios amantes por ambas partes. Todos juntos en el lío y aquí no ha pasado nada. Con una prosa la mar de gráfica -meneaba, refocila, ensaliva- y claros dibujos de un tal Adán.

Desvergüenza y sexo oral a punta de pala. Disfrútenlos, demonios, que hoy por hoy aún podemos presumir de ser tan liberales como los señores de los años veinte. Casi cien años para llegar al mismo sitio...

2008-11-10

From Hell It came

FROM HELL IT CAME
Director: Dan Milner. Con Tod Andrews, Tina Carver, Linda Watkins, John McNamara. USA, 1957
-
Me parece,nietucos, que nos encontramos ante una película de esas que llaman de culto. Una vez vi en un libro gordo cuáles eran los requisitos necesarios para que así se considerase; a ver si me acuerdo de todos, que creo que ésta los cumple.
-
Uno, el argumento no tendrá ni pies ni cabeza. Un jefe indio de etnia no precisada, vuelve –mejor dicho, crece- desde la tumba convertido en el demonio arbóreo Tabonga para vengarse de sus asesinos.




Dos, habrá monstruo, tendrá dientes y se mostrará sin pudor ni vergüenza. Y tanto, como que Tabonga, musgoso, jorobado y patizambo es obra de Paul Blaisdell, creador de leyendas como el pepino gigante de It conquered the world, los marcianos cabezones de Invasion of the Saucer Men o la inmortal She creature. ¡Y Tabonga es el mejor de todos!

Tres, los diálogos serán escasos y majaretas, y primará la acción. Todo cumplido. Fuera parrafadas, que no hacen falta para disfrutar en cascada escenas de Tabonga abriendo el esfínter mientras le ponen inyecciones; Tabonga de paseo por el campo; Tabonga persiguiendo nativas en biquini; Tabonga con mozas a cuestas camino de la selva…


Cuatro, todo deberá ser artificial y barato. Veamos: dos escenarios, el laboratorio que se redecora en apartamento y la jungla de juguete donde habitan blancos tiznados en taparrabos con la cabeza tocada de plumas.

Cinco, el cartel será memorable. En este caso, indiscutible cumbre estética del siglo XX.

Y seis, sonarán tambores en la jungla al menos en una ocasión. ¡¡Llega Tabonga!! ¡¡Tabonga vuelve!! ¡¡TABONGA MATAAAAA!!

(From Hell it came ha sido editada en España, con la acostumbrada magnificencia, por Atelier 13; este texto apareció hace poco tiempo en el 2000Maníacos nº 38 Especial Viejuno. ¡No tienen excusa para no culturizarse!!!)

2008-11-02

Sâr Dubnotal, detective sobrenatural

SÂR DUBNOTAL, detective sobrenatural
---- ---------
Un sabueso de lo paranormal, de los que tanto les gustan, medio yogui medio médium, publicado en España en edición que ya me gustaría tener, ya, y que a falta de ello les traigo en la francesa, idéntica por otra parte. Manjar exquisito toca hoy, ya ven.

Tiempos los primeros del siglo XX fascinados con el espiritismo: sus sesiones con estrellas como Hannusen; sus fraudes, puestos de manifiesto por Harry Houdini entre otros; sus triunfos, cantados por la prosa de creyente de Conan Doyle; sus sistemas religiosos, con la teosofía de la señora Helena Blavatsky a la cabeza... Humus mental más que suficiente para que florecieran en el folletín sus ecos traspasados al mundo del género, como este Sâr Dubnotal.

Como le pasaba a Max Audaz, los fantasmas que este investigador encuentra suelen ser de pega. Lo que no quita para que brinden imágenes maravillosas de mesas que se mueven solas, asesinos levantados por los aires (nada menos que Jack el Destripador), visiones de damas frente al piano, espectros verdes y cuervos agrupados para escribir con sus cuerpos el nombre de un criminal.

Publicadas en 1909 por el editor alemán A. Eichler, los episodios de Sâr Dubnotal tuvieron escaso éxito en sus apenas veinte fascículos, al parecer escritos por Norbert Sevestre, prolífico creador de aventuras muerto en París en 1946. De las ilustraciones, como sucede tan menudo, se desconoce el autor. Injusticia histórica, vista su capacidad para plasmar el misterio y la maravilla. Juzguen sino ustedes mismos.