2010-02-05

El Canadá de Gutmaga

GUTMAGA Y DON CECILIO
De este grande artista, Gutmaga, conocido en el siglo como Manuel Gutiérrez Garulo, ya les ha hablado en otras ocasiones. Pinchen si quieren refrescar la memoria encima de la etiqueta "cromos raros" y ya verán.

Es este album de la editorial Fher, la casa de los cromos, editado para alegrar los tristes aconteceres de 1942, en una España de no te menees. Una adaptación fiel en lo literario de la película de Cecilio B. De Mille Policía Montada del Canadá (1940), aventura pura entre indios, mestizos y ágiles caballistas. Que ni pintada le viene al señor Gutmaga, amigo como don Cecilio del estallido cromático y la composición equilibrada y canónica.


Si De Mille es el Rey del Color, espejo de las pasiones más grandes que la vida que poseen a sus personajes, Gutmaga no le va a la zaga a la hora de reinventar un Canadá polícromo y variado, hecho exclusivamente de planos generales, en los que la figura humana impone su presencia central reclamando toda atención.

La película, ya lo deben de saber, es un clásico imperecedero del western-aventura, aquel en el que el territorio salvaje marca el devenir de la historia a contar. Momentos congelados de una trama que desborda salvaje pasión, algo prodigioso tiene esa capacidad de Gutmaga de reducir el movimiento a lo estático. Les dejo que recreen bien la vista con este regalito que les traigo, por lo menos durante este fin de semana...


2010-02-02

La maldición de la Mosca

CURSE OF THE FLY
Director: Don Sharp. Con Carole Gray, Brian Donlevy, George Baker, Yvette Reyes. Gran Bretaña, 1965.
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Un comienzo impactante, con una señora en ropita interior escapando a la carrera carretera adelante, hace presentir que el filme anunciado como tercera parte de La Mosca celebérrima tal vez esconda algo más de lo que parece. A medida que pasan los minutos, tal impresión se va felizmente consolidando. Es esta obra gótica con mad doctors, una combinación de imprevistos resultados.
Y cuando digo gótico no me refiero a las sombras parlantes de la Universal, ni a largos pasillos de grandes ventanales, ni a telarañas y siniestros laboratorios, que aquí la iluminación es naturalista y los escenarios modernos, sino a la estructura del relato.

Como en la novela Jane Eyre, también hay una protagonista que casa con alguien a quien poco conoce, marcha a vivir a un caserón aislado habitado por criados hostiles (que aquí encima son chinos), y termina por descubrir que su marido guarda encerrada a su anterior esposa, deforme y loca por culpa de sus malhadados experimentos.
No en vano es nieto de André Delambre, el desdichado inventor de La Mosca (1959); digno vástago de su estirpe, es científico consagrado como su abuelo a los misterios de la teletransporta--ción. El cabeza de familia es su padre, Brian “Quatermass” Donlevy, doctor loco canónico capaz de cepillarse a quien sea siempre que se haga en nombre de la ciencia.

Entre Quebec y Londres andan viajando desintegrados con funestas consecuencias, que van desde grimosos sarpullidos en la piel a la obtención de desgraciadas criaturas monstruosas, forzosamente condenadas a la mazmorra.

El espectador va conociendo a los personajes a través de los ojos de la protagonista, viendo como aquellos a quienes tomase por bondadosos sabios resultan ser malvados amorales, al tiempo que lo que parecía un relato de ciencia ficción cambia gradualmente en historia de tintes oscuros y macabros. Todo un acierto mezclar a Charlotte Brönte con Weird Tales, el resultado es un relato de horror cien por cien pulp; como tal, un poco bufonesco y exagerado, con fuerte sabor, justo como nos gusta a los devotos del fantástico.

2010-01-29

El F.B.I. contra las bestias del terror

F.B.I. contra las BESTIAS del TERROR

Asesinos de mujeres, casas embrujadas y criaturas de Frankenstein

Vampiros del aire, mad doctors, tanques humanos y chicas en peligro
Al rebufo del éxito de las novelas homónimas, la madrileña editorial Rollán decide lanzar en 1951 una colección de tebeos protagonizada por los intrépidos hombres del F.B.I. Luis Bermejo es su prodigioso ilustrador; consigue, ya ven ustedes, plasmar con claridad meridiana nuevas y viejas mitografías. Pulpos gigantes, espectros del más allá y émulos de Fu Manchú

Antes que Mulder y Scally, Jack, Sam y Bill, los protagonistas de estos tebeos, se enfrentaron a amenazas nada normales. Además de los consabidos gánsters, chantajistas, fulleros, secuestradores, revientapisos, atracadores, descuideros, asaltatrenes y demás ralea, buen cuidado tuvieron de frustrar los planes de diversos émulos de Frankenstein en persona, medir sus fuerzas con verdaderos espectros, aguantar el embite de mujeres fatales y hasta de devolver al redil al mismísimo hijo de King Kong, harto más crecido que en la última película en la que pudimos verlo.
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Amor, odio y sumisión...

El mismísimo Hijo de Kong

Contemplen con asombro estas portadas, pura esencia destilada de cuanto lugar común concurre en la imaginación española del fantástico de los cincuenta. Fascinada por América, queriendo transformarse en moderna, pero apegada en el fondo a los viejos clichés del género, del doctor loco al monstruo gigante pasando por la inevitable secta de asesinos orientales. Y por sus modos sinceros y expresos, prístinamente elaborados, como estas imágenes tan contundentes...

2010-01-26

Vaqueros contra monstruos - Dos

JESSE JAMES MEETS FRANKENSTEIN´S DAUGHTER
Director: William Beaudine. Con Narda Onyx, John Lupton, Jim Davis, Estelita. USA, 1965.

Atraída por una abundancia de tormentas eléctricas de las que no podía disfrutar en Viena, la científica demente María Frankenstein ha marchado a vivir al Oeste, en apartado caserón sobre una colina que domina, como lo hiciera el castillo de sus ancestros, un aterrorizado pueblo, en esta ocasión tex-mex.

Allí, bajo los obligados ventanales góticos, proclama con voz estentórea y ojos desorbitados sus malvados propósitos. Practica el transplante de cerebros, usando como conejillos de Indias unos mozos enclenques que se le mueren enseguida; y su máxima ambición es encontrar un sujeto corpulento a quien poder implantar un encéfalo que le legó su abuelo.


Porque más que hija, pese a lo que diga el título, es nieta de Frankenstein: hija de Basil Rathbone (con permiso de Donnie Dunagan) y nieta de Colin Clive. Y el cerebro heredado pertenece nada menos que a Igor, el jorobado admirador de sus antepasados, y aspira a colocarlo en cuerpo ajeno en su pequeño laboratorio, con aparatos de chispas como los de su abuelito pero de colores ridículos y muy venido a menos.
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Abajo, en el pueblo, se encuentra un decadente Jesse James a quien cuesta incluso hacerse tomar en serio, presto a dar uno de sus golpes asociado con matones de la más baja estofa. Tras la previsible traición perpetrada por sus compinches, el pobre Jesse va a parar a casa de doña María, donde pretende que curen a su compañero herido de bala, un gigantón musculado y botarate llamado Hank. Ni que decir tiene que desde un principio la doctora loca reconoce en Hank el sujeto ideal para alojar la mente del obediente y sanguinario Igor...

Ya ven, un argumento, ejem, ... poco convencional. Lo contrario que sucede con la realización, rodada eficazmente sin desperdiciar toma, toda de un tirón; con personajes, escenografías y situaciones que son puro arquetipo. Y sin embargo funciona adecuadamente, tanto al menos como cualquier otro western paupérrimo de la época. O como película de terror ortodoxa, modesta y vulgar, contada sin asomo de ironía, al contrario de lo que su chusco nombre puede sugerir. Claro está que todo son tópicos, hay exceso de diálogos y los actores andan algo desafinados. Pero qué quieren que les diga, entretiene, que es lo que pretende. No seré yo quien ose pedir más.

2010-01-24

Vaqueros contra Monstruos - Uno

BILLY THE KID vs. DRACULA
Director: William Beaudine. Con John Carradine, Chuck Courtney, Melinda Plowman, Olive Carey, Virginia Christine. USA, 1966.

Con bigote y perilla, vestido de negro, chistera, puños de encaje y chalina roja, Drácula viaja por el Oeste a bordo de una diligencia. Y no hay por qué extrañarse, ya los vampiros frecuentaron tal escenario antes en las muy notables Curse of the Undead (Edward Dein, 1959) y El pueblo fantasma (Alfredo B. Crevenna, 1965), así que nada tiene de raro que su mismísimo Rey se haya acercado por tales parajes, y más ahora, que por lo visto en este filme es capaz de pasear bajo la luz del sol como si tal cosa.



Entre mordisco a rubias teutónicas y mordisco a morenas apaches, el conde se encapricha de la foto de una muchacha, ingeniándoselas para hacerse pasar por su tío y yendo a vivir con ella al rancho que posee. La moza resulta ser nada menos que la novia de Billy el Niño, que trabaja en la hacienda como capataz: el enfrentamiento con el pistolero está servido.
Y no se demora mucho William Beaudine en resolverlo. Director que conoce sus años de gloria en el mudo, realizando superproducciones con estrellas como Mary Pickford, Beaudine no tarda en descender hasta los purgatorios de la serie B donde se instala cómodo durante años facturando películas humildes de modos perfectamente clásicos, como estas alegres incursiones en el Far West sobrenatural que firma en 1966. Que no dejan de ser, en el fondo, continuación de los denostados cócteles de monstruos de la Universal que tanto le gustaban a Paul Naschy... y a mí.
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Carradine trabaja en serio, componiendo un Drácula más cotidiano que el de Lugosi o Lee, pero exento de grandeza, felizmente lejos todavía del zarrapastroso conde que sólo tres años más tarde interpreta en la mexicana Las Vampiras (1969). El relato avanza fluido sin dejar de interesar, de lugar común en lugar común, tanto en su aspecto de western como de película fantástica.



No faltan tiroteos, ataques de indios, murciélagos de goma o muertas con marcas en el cuello, y es que este Billy the Kid vs. Dracula, más allá de su sensacional título y por previsible que sea, resulta honrada serie B y nada mediocre cuento de vampiros.