2010-01-11

El Círculo Goligher

EL CÍRCULO GOLIGHER
Diractor: Jaime Herrero. Con Nacho Diago, José Banyuls, José Manuel Sellés. Cortometraje de 19 minutos y pico. España, 2008

¡Por fin se anima la juventud y hace cine como debe de ser, mudo del todo y en blanco y negro! A las alegrías vividas en 2005 con The call of Cthulhu, y con la siguiente creación del mismo equipo The Whisperer in Darkness a punto de estrenarse, se suma ahora este corto extraordinario, amamantado por las fuentes estéticas más puras, el cine silente y la magia negra, en el fondo tan hermanos.
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Su realizador, don Jaime Herrero, empieza con buen pie al optar por el mudo como uno más entre todos los lenguajes fílmicos existentes del que tomar signos, formas, maneras. No lo usa como parodia –tentación de quienes engreídos de lo nuevo e ignorantes del pasado confunden alegremente viejo por caduco- ni le supone limitación técnica o simple ejercicio de estilo.

No pretende “homenajear” ni repetir como loro, sencillamente utiliza las claves del silente para contar su propia historia. Y como es de 2008 hasta aporta algunas soluciones y modos nuevos: cámara ágil cuando así conviene, trucos visuales muy de agradecer, tratamiento digital de imagen, incluso aproximaciones al gore de higadito de pollo más contemporáneo.





Cuento de terror acerca de sociedades secretas, viajes iniciáticos y sesiones de espiritismo, de eco genuinamente pulp en sentido literal -con esos ectoplasmas, esos resucitados y esos sustos en blanco y negro bien podría tomarse por narración de Weird Tales-, El círculo Goligher es relato canónico que no oculta su voluntad de ceñirse a los cauces del género. De ritmo sorprendentemente comedido y pausado, va creando el adecuado clima onírico y de misterio para desembocar en el puro terror de la invocación, con esa estética de médiums espiritistas del siglo XIX tan acorde con el clima del filme y que tanta comezón produce siempre.



Sobriedad interpretativa, extensiva a la muy destacable banda sonora; atmósfera y contención: todo felizmente muy lejos de la broma privada o la parodia impotente tan abundante en los cortos fantásticos de otros españoles de hoy.
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¡¡ATENCIÓN!! Pinchen AQUÍ para ver este corto fabuloso, y comprobar que el Abuelito no les miente nunca...

2010-01-07

Svengali

Los Programas Dobles del Abuelito presentan
ESPECIAL SVENGALI
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Lo primero fue una novela de George Du Maurier (pariente de la también escritora Daphne, muy apreciada por don Alfredo Hitchcok, y responsable, entre otros, de los libros Los pájaros, Rebeca o Posada Jamaica). Y no llevaba el nombre de Svengali, que se llamaba Trilby, aunque el indudable magnetismo del malvado terminase por imponerse. Allí, en esas páginas, nació este célebre hipnotizador, pequeño y olvidado mini-mito del cine de miedo, que hoy traigo acá al Desván.

La obra literaria, qué quieren, siempre me pareció poquita cosa. Meliflua historia de artistas británicos y bohemios en el París finisecular (del XIX, claro está), rehuye el tono fantástico que pudo redimirla y opta por cierta cursilería inane. Centrada en las peripecias más bien sosas de los jóvenes protagonistas, parece olvidarse del gran Svengali, única atracción de la función.

TRILBY
Director: Maurice Tourneur. Con Clara Kimball Young, Wilton Lackaye, Chester Barnett, Paul Mc Allister. USA, 1915

La primera adaptación al cine que se conserva -hay otras dos anteriores- la realiza en 1915 don Mauricio Tourneur, el papá de Jacques el de Yo anduve con un zombie, y se basa en la obra de teatro generada por la novela; de hecho los actores son casi los mismos. Como Rasputín, el místico peludo, Svengali atesora tras sus barbas, roñas y melenas, la capacidad de fascinar a las mujeres mediante sus poderes magnéticos. Mesmeriza así a la bella y atolondrada Trilby, y a cambio de posesionarse de su ser y dejarla en estado vegetativo, la convierte en prodigiosa diva de la Ópera y se casa con ella, muñeca sin alma.





Don Maurice empieza en tan temprana fecha a alejarse del modelo teatral, aunque no puede evitar el abuso de planos medios y generales. Como en el libro, se desdeña la figura de Svengali, en realidad la única alegría del filme, empeñándose en mostrar las hazañas insignificantes de la bohemia parisina. Gesticulaciones, señores de luengas patillas, grandes barbas y colores en sepia dominan la acción, algo desvaída y falta de sustancia. No ocurrirá lo mismo en el primer remake sonoro...

SVENGALI
Director: Archie L. Mayo. Con John Barrymore, Marian Marsh, Donald Crisp, Bramwell Fletcher. USA, 1931

Archie L. Mayo sabe ver bien que el atractivo de la historia no reside en las tontunas de los jovenzuelos, sino en la pérdida del yo y la posesión fatal que experimenta la infeliz Trilby. Su Svengali se centra en la figura del malvado, contando para ello con el grandísimo actor John Barrymore, miembro de una estirpe sagrada que compone aquí un personaje inolvidable.

Transcurre en un París de cartón piedra, de tonos expresionistas, donde ninguna pared es recta y ningún techo permanece horizontal sobre nuestras cabezas; sólo las sombras definen la ciudad. El hipnotizador deambula por sus calles, tortuosas como sus malos designios, mal iluminadas, como su alma oscura, artificiosas y embusteras como su misma naturaleza.

En prodigioso traveling, de esos que hacen historia del cine, la mirada profunda del malvado sale de su buhardilla para recorrer los tejados del París encantado y penetrar por la ventana en la humilde estancia de la hermosa Trilby. Desde entonces no conocerá la chica otro dueño, reducida su existencia a la de una sombra más, sin voluntad ni recuerdos. Tiniebla, recoveco, oscuridad, no queda otro futuro en la vida de la cantante que recorre Europa de la mano celosa de su enamorado verdugo.




Contada con los modos gloriosos del fantástico, es este el filme que hace ingresar a Svengali en el panteón de Mitos Menores que tanta veneración suscita en esta casa. Una película ejemplar, recital interpretativo del poderoso Barrymore, que se adueña por completo del filme. Y nosotros, amantes del exceso y lo extraordinario, no tenemos más remedio que rendirnos a sus pies y agradecérselo. Por siempre, que la fidelidad del fanático es así de contundente y eterna...

2009-12-29

Las vacaciones del Abuelito

Me voy al Bosque Negro, señores, mi segunda residencia, a charlar con un par de silfos, algún espíritu elemental y varias Cosas que se Arrastran en la Noche, a ver qué me cuentan, que hace tiempo que no los veo. Precisamente les enseño ahí arriba una instantánea que me sacaron por allí, con ocasión de la última visita al Refugio de los Bultos Danzarines...
Hasta el año próximo, nietucos, que viene lleno de folletines, sabios locos y aberraciones sin cuento. ¡A partir del siete de enero, aquí las veremos todas!
¡¡FELIZ AÑO A TODOS, MENOS A LOS MALOS!!

2009-12-24

Goliath, el Gorila de la Tranca

La verdad es que hoy no tocaba esta entrada. Hace tiempo que pensaba, llevado por la corriente general, que en estas fechas caería alguna de las muchas bizarreces navideñas, la película mejicana Santa Claus (1959), por ejemplo. Pero luego, qué quieren, he creído que gente selecta como ustedes siempre encontrarán preferible un Gorila en Calzoncillos antes que al Barbudo Vestido de Rojo. Y si no es así, pues se fastidian o se van al Centro Comercial a vivir estas fechas según manden sus aborregados cánones.

Así que hala: para Papá Noel de los buenos, su Abuelito, que les trae un regalo navideño que no se lo salta ni un torero. (Casi) todas las portadas de la colección de folletines En busca de aventuras, publicada por Gato Negro -ya saben: la antepasada de Bruguera- e ilustrada por el colosal artista Melchor Niubó, alias Niel, allá en los primeros años treinta. De este genio del dibujo ya les hablé hace tiempo, aquí mismo. Pinchen encima y repasen...

Goliath, el Gorila de la Tranca, es estrella indiscutible de la serie. Ataviado, a partir del nº 6, con un cómodo trajecito rojo hecho a su medida, no hay cosa que le guste más en el mundo que esgrimir su garrote y darlo a probar a criaturas de todo pelaje, tanto bípedas como cuadrúpedas. Miren si no qué rebufos lanza ese desgraciado rinoceronte...
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Arte mayúsculo, gloria extravagante, estremecedora sinceridad, sentido de la composición, atrevimiento cromático, desbordada fantasía, puro aliento de poesía. Entreténganse contemplando esos cielos, esas fauces coloradas, esos muñecos de papel llenos de vida, esos garrotazos tan bien proporcionados. Es regalo para la vista que a la fuerza ha de gustarles.
Y aunque no sea yo muy de esas cosas, digámoslo ya, ea... ¡¡¡Felices fiestas a todos, nietucos varios del mundo entero!!!

2009-12-21

Hideous Sun Demon/ First man into Space

Los Programas Dobles del Abuelito presentan
Especial MONSTER MOVIES DEL ESPACIO

THE HIDEOUS SUN DEMON
Director: Robert Clarke. Con Robert Clarke, Patricia Manning, Nan Peterson, Patrick Whyte. USA, 1959

Dos películas de monstruos de la grandiosa década de los cincuenta echaron ayer en Canal Desván, programa doble que evidenció como ninguno las raíces troglodíticas de este cine. Los motivos del miedo en tal clase de filmes se reducen a dos: el terror a la Invasión de nuestra cueva/hogar por fuerzas desconocidas, encarnado en la amenaza extraterrestre, y el temor atávico a la Pérdida del Yo, metamorfosis que equivale a la muerte en vida. Piénsenlo un poco, y verán que ahí caben cuantos argumentos despliegan, abundantes, las Monsters Movies.



Una apariencia racional enmascara este pensamiento mágico. El talismán o el hechizo de los viejos cuentos, capaz de trastocar la naturaleza de las cosas, es una vez más en este Hideous Sun Demon, la radioactividad. Gracias a ella, el cuerpo del protagonista, pacífico hombre de ciencia, evoluciona al revés, hacia presuntos antepasados reptilianos cada vez que le da la luz del sol. Le salen colmillos, se cubre de escamas y se apoderan de él los malos instintos, tal como explica en chiflado discurso un digno doctor con gafas.


Hechizado periódico, como Melusina o Lady Halcón, su cambio está sujeto a reglas y tabúes. Recluido de día, no tiene más remedio que hacerse noctámbulo. O sea, que venga a ir al bar, al cabaret, al tugurio. De ahí a liarse con una pelandusca y echarse a la mala vida no hay más que un paso. Entre unas cosas y otras el hombre se descuida, le da el sol de vez en cuando y ¡hala de cometer atrocidades! Deambular y matar sin ton ni son es costumbre arraigada en estos seres malditos, ya lo saben ustedes...

Simple como un botijo, canónica hasta lo previsible, divertida a ratos, de modos sencillos por no decir toscos y (re)llena de diálogos inverosímiles. Ya les digo: ejemplar en su especie.

FIRST MAN INTO SPACE
Director: Robert Day. Con Marshall Thompson, Marla Landi, Bill Edwards, Robert Ayres. USA, 1959

Lo mismo le ocurre a la que pusieron después del intermedio, First man into Space, también del año de gloria de 1959. Así lo demuestra ese cosmos de lucecitas que adorna los viajes espaciales, los cohetes de juguete, las austeras salas de control que los gobiernan o los innúmeros stock-shots de radares y aviones que aspiran a simular verosimilitud.
El astronauta que mandan a probar una nave nueva es persona rebelde y antojadiza, que desobedecien-do órdenes, se interna en el espacio profundo. No sabe que en este género, tales pecados se pagan y muy amargamente. Ebrio de fama y de vértigo, lanza a la deriva su avión cohete y, claro está, regresa a la Tierra hecho una calamidad.
Recubierto el cuerpo de inmundo barro cósmico, le da por gruñir, dar tumbos y beber sangre humana. Vagando en la noche y asesinando aquí y allá, el infeliz ex-hombre aporta toda la emoción a un relato todavía más simplón que el del Demonio del Sol, que ya es decir. Su exhibición de anormalidades es cuanto el público ansía ver.


Realización tan correcta como inane, no puede evitar traslucir cierta desgana, incapaz de crear atmósfera o gradación dramática. Aparte de que nunca logra que dejemos de ver como asoma la sombra del doctor Quatermass flotando sobre el filme. Al fin y al cabo, por entrañable y entretenido que sea, no es este First man into Space más que una copia de andar por casa del inolvidable título británico...