2009-02-06

Juanito Montalbán, superhéroe

SUPERHOMBRE

Hoy les presento, señores, dentro de la errática sección Superhombres Ibéricos, a Juanito Montalbán, un muchacho español pecoso y cabezón que trabaja a las órdenes del Inspector García, de la Policía Metropolitana de Nueva York.
Lo crearon el dibujante Juan Giralt, honesto profesional responsable de un montón de páginas correctas y sin mayores pretensiones, y el guionista anarquista Joan Llarch, uno de tantos represaliados de la Guerra Civil que acabaron ganándose los garbanzos en el mundo de la cultura popular.

Juanito encuentra en Sudamérica a un anciano de luengas barbas que le revela el secreto del Disco del Sol: cuando el chiquito pronuncia en voz alta estas palabras, se transforma en Superhombre. Hala de volar, de pegar megapuñetazos y de urdir las mil y una para gozo y diversión de sus inocentes lectores.
Mucho se parece semejante excusa argumental a la de El Capitán Marvel que crease C. C. Beck en los comic books americanos -sólo que aquel para transformarse decía Shazam-, editados en España, qué casualidad, un poco antes del nacimiento de este nuestro Superhombre.
La chiquillada del momento no tuvo remilgo alguno -si es que se dió cuenta- en que el personaje estuviese ligeramente, ejem, copiado del americano. Mucho más positivo era dejar mecerse por las bizarras entregas semanales en las que el alter ego de Juanito ponía a caldo a espías, saboteadores, doctoras locas y hombres del espacio exterior. O a señores de Kryptolina, pongo por caso.

Superhombre la editó desde Barcelona Ferma, empresa especializada en facturar tebeos modestos y eficaces para nutrir las más ingenuas ansias lectoras. Era 1957, aún no había crecido Juan José, el hijo del editor, que con los años fundaría aquella revista moderna y underground que tantos hijos dejó dispersos por España, la contracultural STAR. Ni Supermán ni gaitas gallegas: subdesarrollado como nosotros... viva nuestro Superhombre!!!!

2009-02-03

Estampas malignas

SAN ALFONSO FIGUERAS, RESCATADO

Otra vez a vueltas con la actualidad, cosa rara, ya saben ustedes, en este lugar. No me queda más remedio cuando ésta se dedica a sacar a la luz alguna de las joyas de ese pasado fantástico y extravagante en el que nunca he dejado de habitar.

Es el caso de la gallega editorial El patito, que si hace unos meses rescató las páginas de Doctor Mortis que Alfonso Figueras publicase en la revista setentona Vampus, ahora hace lo propio con una magna edición de TODOS los dibujos que el maestro catalán publicase en los primeros setenta en el entrañable tebeo de miedo Dossier Negro.
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Edición exquisita en la que agrupados por temas podrán contemplar más de cien ilustraciones a toda página, clara muestra de lucidez, buen hacer y amor al género de géneros. Una más que necesaria recuperación de un GRANDE del tebeo español. Con mayúsculas.

¿Qué hacen ahí parados? ¡¡Hala, todos a rascarse el bolsillo, que maravillas como esta no salen dos en una década!!

2009-01-31

The Tunnel

THE TUNNEL
Director: Maurice Elvey. Con Richard Dix, Leslie Banks, Madge Evans, Helen Vinson, C. Aubrey Smith. Gran Bretaña, 1935.

Mira que hace tiempo que tenía gana de ver esta película, una superproducción británica de los treinta a mayor gloria del progreso humano, de la ingeniería y de la ciencia, fruto de una era fascinada por la técnica y la estética artificial y fría de la máquina.

Fue todo un éxito hoy olvidado, basado en el best seller del escritor alemán Bernhard Kellerman. Se la tiene en los manuales de historia por un título pionero de la ciencia ficción, y no es mentira del todo. Verán: la cosa va de un visionario empeñado en promover la construcción de un túnel submarino que comunique Inglaterra con América. Colosalismo y espectacularidad a raudales. Ninguna otra intención tiene el filme.





No deja de ser en sus mejores momentos inmejorable recreo para los ojos, fantasía futurista de formas art decó capaz de facturar imágenes verdaderamente hermosas. Lo son todas las que atañen a los gigantescos platós en los que se recrea la obra ciclópea en medio de hormigones suprahumanos, cables, engranajes y cuerpos resudados iluminados con exquistez.

Lástima que una vez planteado el proyecto, la película opte por el melodrama. Y no del excelso, sino del más vergonzosamente lacrimógeno. La historia de las cuitas personales del ingeniero jefe que empecinado en su proyecto pierde por el camino a un hijo, es abandonado por su mujer y riñe con su mejor amigo, no logran emocionar en momento alguno. Ni siquiera cuando en recurso barato se deja ciega a la pobre esposa, como en los folletines más socorridos.


Escenas plásticamente muy poderosas alternan con una inane historia de amor narrada en interminables diálogos recitativos tomados en plano fijo, toda una prueba para la paciencia del espectador. Para colmo, y esto es serio, la construcción del túnel carece de épica. Decorados costosos y magníficos a los que apenas se saca partido, afectado como está todo el metraje por una narrativa plúmbea que solo en los últimos minutos consigue despegar. En medio, demasiados amoríos sin pasión ni delirio, un par de intragables discursos del presidente de los USA y del Premier británico, y algunas toneladas de acero y cartón piedra, que son las que salvan de la quema semejante exceso de celuloide apolillado...

2009-01-26

La Novela Atroz

LA NOVELA INTRÉPIDA
Dedicado a mi nietecito Carlos Abraham, del Museo de Literatura Popular de La Plata

Con la cosa esta del primer aniversario del Desván Electrónico voy a sacarles hoy una de las más bonitas colecciones de folletín que hay, La Novela Intrépida, para recreo de todos ustedes y espanto pedagogos y psicólogos para la infancia.

Se publicaron estos diez ejemplares en Barcelona hacia 1930, por Gato Negro, ya saben, la antepasada de editorial Bruguera. Los autores son desconocidos; el magno ilustrador tiene una firma ilegible que tal vez pueda querer decir "J. Martínez". Su anonimato no empaña la gloria de su arte. Piquen encima de las imágenes y verán correr la sangre de verdad.

Jamás se vieron en novelas para niños semejantes dosis de atrocidades por centímetro cuadrado. Vayan contando: navajas que se hunden en la órbita del ojo, mujeres desnudas ahorcadas por un gorila, jefes indios haciendo las torturas aquellas de los garfios y las tetas de Un hombre llamado Caballo, cocodrilos hincando el diente, vómitos de sangre, sesos desparramados, clavos que penetran hasta el tuétano, cabezas cortadas.

La crueldad como espectáculo, tal vez el más antiguo de la humanidad. Animales, razas exóticas y blancos degenerados -el crucifijo preside ese cepo donde dos infelices son azotados- son los encargados de ejercerla a nuestro gusto. Cruda y sin adulterar, tal como debe consumirse.

2009-01-23

Shadow of Chinatown

SHADOW OF CHINATOWN
Director: Robert F. Hill. Con Bela Lugosi, Herman Brix, Luana Walters, Maurice Liu, Joan Barclay. USA, 1936.

Dedicado a mi nietecito Igor von Slaughterstein, de la Casa Encantada

Vamos primero con los avisos para los menos duchos, que no todos ustedes son tan viejos como yo y a veces eso se me olvida. Sabrán lo que es un serial, aquellas producciones de los años 10 a los 50 que contaban por capítulos historias de género, dejando en vilo a la chiquillería semana tras semana.

Sabrán también la Regla de Oro de estas pelis: hazlo rápido, hazlo barato, hazlo espectacular. Difícil conciliación de intereses que sólo en los mejores casos surte efecto. El caso es que como el objetivo nº 1 de este cine es recaudar, los productores una vez estrenadas todas las jornadas hacían un remontaje en el que condensaban unas cuatro horas en setenta minutos, y ya tenían listo un nuevo largomtraje para su estreno. Feature version, le llaman a eso los americanos.

El otro día estrenaron la feature version de Shadow of Chinatown, que sale de protagonista San Bela Lugosi nada menos, con una chica muy hermosa que quieren hacer pasar por china, Luana Walters, y con Herman Brix, un galán que fue Tarzán en otro serial producido por el mismísimo Edgar Rice Burroughs.

Hay que confesar que este no es de los más afinados que he visto. Grande está Tío Bela, como siempre, enfocado entre los aparatos raros que como una maldición le persiguen película tras película vengan a cuento o no, ejerciendo de Mega Mente Criminal y Científica. Además es un poderoso hipnotizador, detalle por el que mi corazoncito cinéfago ya se lo perdona todo.

Va el asunto de unos empresarios blancos que alarmados por la baratura con la que venden todo los chinos (se parece a algo de ahora mismo, verdad?) contratan los servicios de una Dragon Lady para que se dedique a hundir los comercios de los honrados habitantes de Chinatown. Ésta le pasa el encargo a Bela, que lo acoge con un entusiasmo digno de mejor causa. Viste a todos sus gangsters de chinos, les pone una coleta de pega y los manda a hacer tropelías por el barrio, a disparar en el interior de las tiendas y a armarla lo más gorda que puedan, que no es poco.

Aún teniendo en cuenta lo atropellado de todas las feature versions -resumir doscientos y pico minutos en setenta no es lo más indicado para conseguir una narración fluida y clara- exhibe esta en particular pecados imperdonables. Parsimonia y diálogos a mazo no son los mejores ingredientes para este tipo de cocina. ¿Dónde están las carreras, la acción incesante, el movimiento paroxístico propio del serial?

Demasiado le canta la desgana, que cámara más perezosa y rutinaria pocas veces se vió. Pobre Lugosi, qué pronto le tocó comenzar su purgatorio...