2008-11-11

The Gamma people

THE GAMMA PEOPLE
Director: John Gilling. Con Paul Douglas, Eva Bartok, Leslie Philips, Walter Rilla. Gran Bretaña, 1955.

Dos pasajeros de un tren, un flemático inglés de fino mostacho y un americano grandote, rico y de modales rudos, van a parar por accidente al país de Gudavia, uno de esos territorios centroeuropeos de mentiras, como la Syldavia de Tintín. Allí, tras ser recibidos por unos soldados de opereta, son conducidos a la única posada, donde pueden darse cuenta de que la mitad del país está compuesta por niños con uniforme como de las Hitlerjügend que abroncan a la población con soflamas políticas autoritarias.




El Ciudadano Número Uno de Gudavia es el Doctor Brodsky, inventor que no para de irradiar a la población con sus locos aparatos de rayos Gamma, con los que consigue crear a voluntad imbéciles o niños superdotados y fanáticos, todos sometidos a su voluntad.

Lo que parecía amable comedia se va tornando opresiva parábola sobre los totalitarismos, con un país aislado, sin correos, teléfono o ferrocarril, suspicaz y vigilado por una omnipresente red de gentes Gamma al servicio del poder como en los paraísos socialistas de Albania, la República Democrática de Alemania o Corea del Norte. Con el cerebro lavado, un tema derivado de la mitología comunista que interesa mucho en la cultura popular de los cincuenta.
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Metáfora hecha desde el género, con sabio loco en su castillo, aparatos de ciencia ficción rudimentaria, hombres que se comportan como zombies asesinos y final con incendio del laboratorio incluido. Inteligente y realizada con buen pulso y hasta con humor por John Gilling, el mismo que un poco más tarde firma dos clásicos de la Hammer de 1966, La plaga de los zombies (1966) y el maravilloso pulp de monstruos El reptil, este Pueblo Gamma resulta rara avis apta para ser degustada por los paladares más sofisticados.

Niñas de la Dictablanda

LAS VACACIONES DE PEPITA

Así dieron algunos en llamarla, Dictablanda, que no sé yo hasta qué punto fue blanda, pese a la sintonía personal del general con Largo Caballero y a la flexibilidad grande en materia de sexo.

Tiempos los años veinte, con Primo de Rivera de dictador mussoliniano, bastante más abiertos y tolerantes que los que nos esperarían hoy si por una de aquellas los amigos de Rouco Varela llegasen al poder y pudiesen hacer lo que les viniese en gana. Otra vez todo tapado, como con Arias Salgado. A rezar y a callar.

Ha aparecido por el Desván esta novelita publicada en Barcelona en 1928, que cuenta los cuernos que mutuamente se pone un matrimonio caliente y bien avenido, y de cómo se llega a un entente que satisface a marido, a mujer y a varios amantes por ambas partes. Todos juntos en el lío y aquí no ha pasado nada. Con una prosa la mar de gráfica -meneaba, refocila, ensaliva- y claros dibujos de un tal Adán.

Desvergüenza y sexo oral a punta de pala. Disfrútenlos, demonios, que hoy por hoy aún podemos presumir de ser tan liberales como los señores de los años veinte. Casi cien años para llegar al mismo sitio...

2008-11-10

From Hell It came

FROM HELL IT CAME
Director: Dan Milner. Con Tod Andrews, Tina Carver, Linda Watkins, John McNamara. USA, 1957
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Me parece,nietucos, que nos encontramos ante una película de esas que llaman de culto. Una vez vi en un libro gordo cuáles eran los requisitos necesarios para que así se considerase; a ver si me acuerdo de todos, que creo que ésta los cumple.
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Uno, el argumento no tendrá ni pies ni cabeza. Un jefe indio de etnia no precisada, vuelve –mejor dicho, crece- desde la tumba convertido en el demonio arbóreo Tabonga para vengarse de sus asesinos.




Dos, habrá monstruo, tendrá dientes y se mostrará sin pudor ni vergüenza. Y tanto, como que Tabonga, musgoso, jorobado y patizambo es obra de Paul Blaisdell, creador de leyendas como el pepino gigante de It conquered the world, los marcianos cabezones de Invasion of the Saucer Men o la inmortal She creature. ¡Y Tabonga es el mejor de todos!

Tres, los diálogos serán escasos y majaretas, y primará la acción. Todo cumplido. Fuera parrafadas, que no hacen falta para disfrutar en cascada escenas de Tabonga abriendo el esfínter mientras le ponen inyecciones; Tabonga de paseo por el campo; Tabonga persiguiendo nativas en biquini; Tabonga con mozas a cuestas camino de la selva…


Cuatro, todo deberá ser artificial y barato. Veamos: dos escenarios, el laboratorio que se redecora en apartamento y la jungla de juguete donde habitan blancos tiznados en taparrabos con la cabeza tocada de plumas.

Cinco, el cartel será memorable. En este caso, indiscutible cumbre estética del siglo XX.

Y seis, sonarán tambores en la jungla al menos en una ocasión. ¡¡Llega Tabonga!! ¡¡Tabonga vuelve!! ¡¡TABONGA MATAAAAA!!

(From Hell it came ha sido editada en España, con la acostumbrada magnificencia, por Atelier 13; este texto apareció hace poco tiempo en el 2000Maníacos nº 38 Especial Viejuno. ¡No tienen excusa para no culturizarse!!!)

2008-11-02

Sâr Dubnotal, detective sobrenatural

SÂR DUBNOTAL, detective sobrenatural
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Un sabueso de lo paranormal, de los que tanto les gustan, medio yogui medio médium, publicado en España en edición que ya me gustaría tener, ya, y que a falta de ello les traigo en la francesa, idéntica por otra parte. Manjar exquisito toca hoy, ya ven.

Tiempos los primeros del siglo XX fascinados con el espiritismo: sus sesiones con estrellas como Hannusen; sus fraudes, puestos de manifiesto por Harry Houdini entre otros; sus triunfos, cantados por la prosa de creyente de Conan Doyle; sus sistemas religiosos, con la teosofía de la señora Helena Blavatsky a la cabeza... Humus mental más que suficiente para que florecieran en el folletín sus ecos traspasados al mundo del género, como este Sâr Dubnotal.

Como le pasaba a Max Audaz, los fantasmas que este investigador encuentra suelen ser de pega. Lo que no quita para que brinden imágenes maravillosas de mesas que se mueven solas, asesinos levantados por los aires (nada menos que Jack el Destripador), visiones de damas frente al piano, espectros verdes y cuervos agrupados para escribir con sus cuerpos el nombre de un criminal.

Publicadas en 1909 por el editor alemán A. Eichler, los episodios de Sâr Dubnotal tuvieron escaso éxito en sus apenas veinte fascículos, al parecer escritos por Norbert Sevestre, prolífico creador de aventuras muerto en París en 1946. De las ilustraciones, como sucede tan menudo, se desconoce el autor. Injusticia histórica, vista su capacidad para plasmar el misterio y la maravilla. Juzguen sino ustedes mismos.

2008-10-31

Los Fieles Difuntos

DON JUAN TENORIO vs. JALOGÜÍN

Hala, para que no digan que el Abuelito no está al día. Yo también me he enterado de que se acerca el Día de los Fieles Difuntos y quiero contribuir a tan magno acontecimiento trayendo al Desván esta colección de Tenorios, esa obrita de Zorrilla que ocupa estas fechas las salas teatrales de toda España. Romances y aparecidos, lo propio.
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Una moderna edición de Gato Negro ilustrada por el gran Melchor Niubó, alias Niel, en la que hay de todo como en botica: esqueletos con garrote; galanes de monjas; tenorios feos, viejos, de espada mustia; tímidos; paletos de corral; hasta modernos de ahora con su canotier y todo...

...¿Qué dicen?... ¿Que ahora ya no se lleva el Tenorio, que ya no lo representan en la Noche de Difuntos?... ¿Que ahora le dicen Jalogüín y salen niños con calabazas?... Qué tontería, no me lo creo... No puede ser... Perderse algo tan español... Qué tiempos degenerados... Ya les daré yo en la cabeza con el bastón como los pille... Ay, qué ruina más grande...

2008-10-29

The mystery of the leaping fish

EL MISTERIO DEL PEZ SALTARÍN
Director: John Emerson. Con Douglas Fairbanks, Bessie Love, Alma Rubens, Allan Sears. USA, 1916

Para que luego se piensen ustedes que hasta los años sesenta nos chupábamos el dedo, que todo empezó con la cosa de las revoluciones juveniles y los jipis, las drogas y todo eso... pues no, no, para nada de nada!

Aquí tienen, para muestra un botón, este cortometraje de 1916. Una broma colosal escrita por Tod Browning (antes de sufrir el terrible accidente de coche que casi lo mata y a partir del cual empezó a dirigir su cine más enfermo) con la complicidad de su amigo Douglas Fairbanks, megaestrella de la época: la primera y más desenfadada narcoparodia de la historia del cine.

Cuenta las aventuras del detective científico Coke Ennyday, que con su desparpajo drogadizo deja a la altura del betún a moderniquis como Hunter S. Thompson o el Teniente Corrupto de Abel Ferrara. Siguiendo las instrucciones del reloj de pared que cuelga en su despacho, Coke divide el día en cuatro horas nada más: la de comer, la de dormir, la de beber y la de drogarse.

Desdramatizando una cuestión que hoy se ha convertido en tabú, el detective aspira coca por arrobas, se chuta diez o doce veces en menos de veinte minutos (y se pone de buen humor después) y captura a sus enemigos (traficantes de un opio que Coke come con fruición) pinchándoles uno a uno con la batería de jeringas que atesora en su cinturón mientras se marca unos bailes surrealistas y de paso rescata a la chica, una damita de armas tomar.

Comedia descreída y salvaje, que se burla de la policía, de las prohibiciones, de toda la pacatería hipócrita que hoy es médula esencial de la sociedad. Una lección de alegría inteligente y osada como no ha vuelto a darse. Y encima pueden buscarla gratis en http://www.archive.org/ Claro que a lo mejor todavía hay quien la encuentra un poco fuerte, y se me escandaliza... No me extrañaría nada en estos tiempos de corrección política e higienes desleídas.

2008-10-25

Max Audaz

La nueva serie Ingleses y olvidados, presenta hoy a...
MAX AUDAZ
De la factoría británica IPC, responsable de algunas de las historietas más bizarras jamás realizadas, asoma este héroe entre las telarañas de las mansiones góticas que su profesión le obliga a frecuentar.

Se llama Maxwell Hawke, aquí lo bautizaron Max Audaz y sirve a este Desván para inaugurar otra etiqueta errática, dedicada a los tebeos ingleses, mira por dónde. A los más raros, extravagantes y olvidados. Y quién mejor para empezar que este cazafantasmas de principios de los sesenta, frecuentador de castillos, mazmorras y siniestros anfitriones, siempre acompañado de su secretaria, la muy swinging London Jill Adair.

Eric Bradbury es el genial autor de los dibujos. Oscuros, tenebrosos como manda la tradición, nunca faltan con este artista las legiones de murciélagos, los cementerios abandonados y los árboles muertos y retorcidos a la luz de la luna.

Por encargo de unos clientes casi siempre la mar de extraños, se enfrenta Maxwell a maldiciones hereditarias y lugares encantados en busca de maravillas que nunca logra encontrar. Como en las muy inglesas novelas de Ann Radcliffe, todos los fantasmas de Max Audaz acaban por desvelarse falsos. Eso sí, rodeados de admirable parafernalia y ejecutores de unos trucos que quisiera para sí el mismísimo Harry Houdini.
Gorilas, techos que descienden amenazantes, suelos que se abren bajo los pies, pinturas que cobran vida, espectros flacos lanza-rayos, pulpos gigantes y panteras negras, arqueros del más allá, halcones humanos, zombies haitianos... toda la iconografía del terror victoriano desplegada contra un solo hombre.

Vértice, la impía empresa de Barcelona, lo publicó por estos pagos en los sesenta. Destrozando el material original como era su malvada costumbre. Menos mal que las portadas de Florenci Clavé, con esos aparecidos relucientes y esa rotulación tan como de miedo, redimen la edición. Yo les he preparado este aperitivo visual, seguro de que como personas de buen gusto que son, servirá para excitarles el apetito.