NOCH PERED ROZHDESTVOMDirector: Ladislas Starewicz. Con Iván Mosjukin y actores desconocidos muertos hace tiempo. Rusia, 1913. ----------------------------------------------------------RAPSODIA SATÁNICA Director: Nino Oxilia. Con Lyda Borelli, Andrea Habay, Ugo Bazzini, Giovanni Cini. Italia, 1915.
Hoy, pobres nietos míos, me he calado mi vieja chistera,
engominado las barbas y atusado los bigotes, y me he dirigido a la sala de cine, un gran espacio repleto de espejos, elegantes palcos, grandes escaleras y lámparas de lo más variado. Un mundo de lujo donde la etiqueta se hace obligada.
Daban un programa doble, protagonizado nada menos que por demonios subidos desde el Averno.

Demonios hay muchos, ya saben ustedes que los peores viven acá con nosotros, encaramados las más de las veces a las cúpulas del poder. Afortunadamen-te los del cine son distintos, de los mal llamados espíritus malignos. Uno ruso y otro italiano, ambos están por celebrar su primer siglo de vida.

Invocó al ruso nada menos que don
Ladislas Starewicz, el mejor animador de todos los tiempos; ya saben -o debieran saber-: aquel señor que tuvo que huir de la estulticia soviética con sus muñecos, sus insectos y sus montañas de poesía veraz y sencilla. No es este filme animado, sino hecho por personas, mujiks de la era zarista.

Cuenta, me parece, porque los intertítulos están en endiablado alfabeto cirílico, una historieta de cuernos, chuflas y zalamerías de mucha risa y regocijo.
Y es que este diablo, como su padre Starewicz, va sobrado de vitalidad y contagiosa alegría.

Luce cuernos, rabo y pezuñas, vuela por los aires, es peludo, casi simiesco, se esconde temeroso de los maridos irritables y como corresponde, recibe su buena ración de palos. Saltos, cabriolas luciferinas y algún que otro truquillo animan la función, sin duda un gran éxito en las barracas de feria de la época de Nicolás II.

Demonio popular, no puede sino incitar las más descreídas carcajadas.
Con el buen sabor de boca dejado por este engendro infernal, dió comienzo
Rapsodia satánica, un filme italiano de 1915 acerca de una dama anciana que añora su juventud y entrega su alma al Malo para que se la devuelva. Una necedad, comprenderán ustedes, y más si a lo que se dedica en adelante la vieja joven,

doña Alba di Oltrevita, es a zascandilear con los mozos y hacerse de querer entre fiestas y bailes como si no hubiera otra cosa en el mundo.
Por su culpa se pelean los hermanos, se suicidan los amantes, se desesperan los enamorados. No es raro, con Mefistófeles siguiendo los pasos de doña Alba, frustrando las fatales ilusiones de la casquivana.

Es este diablo más serio y mayestático, y pese a su fenomenal nariz y sus cejas pintadas hasta podría pasar por humano.
El filme, bien rodado en exteriores entre prados y jardines, tiene esa estética romántica tardía de tules y gasas, lagos, fuentes y damas decadentes. Y va sobrado de moralina y de pretensiones poéticas sin que lo fantástico llegue a importar gran cosa.

Yo, qué quieren que les diga, veo la poesía en lo bufo y lo grotesco, ya me conocen. Más me gustan cuentos y chascarrillos que óperas solemnes y trágicas, aún cuando no sean, como esta, nada desdeñables. Ya me dirán ustedes a qué diablo prefieren...