2010-01-24

Vaqueros contra Monstruos - Uno

BILLY THE KID vs. DRACULA
Director: William Beaudine. Con John Carradine, Chuck Courtney, Melinda Plowman, Olive Carey, Virginia Christine. USA, 1966.

Con bigote y perilla, vestido de negro, chistera, puños de encaje y chalina roja, Drácula viaja por el Oeste a bordo de una diligencia. Y no hay por qué extrañarse, ya los vampiros frecuentaron tal escenario antes en las muy notables Curse of the Undead (Edward Dein, 1959) y El pueblo fantasma (Alfredo B. Crevenna, 1965), así que nada tiene de raro que su mismísimo Rey se haya acercado por tales parajes, y más ahora, que por lo visto en este filme es capaz de pasear bajo la luz del sol como si tal cosa.



Entre mordisco a rubias teutónicas y mordisco a morenas apaches, el conde se encapricha de la foto de una muchacha, ingeniándoselas para hacerse pasar por su tío y yendo a vivir con ella al rancho que posee. La moza resulta ser nada menos que la novia de Billy el Niño, que trabaja en la hacienda como capataz: el enfrentamiento con el pistolero está servido.
Y no se demora mucho William Beaudine en resolverlo. Director que conoce sus años de gloria en el mudo, realizando superproducciones con estrellas como Mary Pickford, Beaudine no tarda en descender hasta los purgatorios de la serie B donde se instala cómodo durante años facturando películas humildes de modos perfectamente clásicos, como estas alegres incursiones en el Far West sobrenatural que firma en 1966. Que no dejan de ser, en el fondo, continuación de los denostados cócteles de monstruos de la Universal que tanto le gustaban a Paul Naschy... y a mí.
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Carradine trabaja en serio, componiendo un Drácula más cotidiano que el de Lugosi o Lee, pero exento de grandeza, felizmente lejos todavía del zarrapastroso conde que sólo tres años más tarde interpreta en la mexicana Las Vampiras (1969). El relato avanza fluido sin dejar de interesar, de lugar común en lugar común, tanto en su aspecto de western como de película fantástica.



No faltan tiroteos, ataques de indios, murciélagos de goma o muertas con marcas en el cuello, y es que este Billy the Kid vs. Dracula, más allá de su sensacional título y por previsible que sea, resulta honrada serie B y nada mediocre cuento de vampiros.

2010-01-20

Le Voyage imaginaire

LE VOYAGE IMAGINAIRE
Director: René Clair. Con Jean Borlin, Dolly Davis, Albert Prejean, Maurice Schutz, Jim Gerald. Francia, 1925.

¡Qué cosas más raras está haciendo este señor Clair últimamente! Claro que mientras sean tan entretenidas como este maravilloso Viaje imaginario, habrá que dejarle rienda suelta. Un cuento de hadas moderno en el que cabe de todo: un poco de comedia, un bastante de terror, algunas gotas de vanguardia y un poquitín de surrealismo, trufado de referentes en la gran tradición europea.

Ecos que van desde El Asno de oro de Apuleyo a los cuentos de Hoffman o las derivaciones hacia lo irracional del reverendo Dogson- Carroll. Y si no saben quiénes son estos caballeros, hagan el favor de leer e instruirse, carajo, que yo no tengo ahora tiempo de explicárselo.


Este Viaje es la aventura onírica de un infeliz empleado de banco que intenta conquistar el corazón de su compañera de trabajo. Para ello no duda en meterse por un túnel subterráneo como aquel en que caía Alicia para ir al País de las Maravillas por el que llega al hospicio en que habitan las hadas jubiladas, palacio decorado con elementos fantásticos como son los globos y el espumillón.

A partir de aquí, una trama frenética con hadas celosas, gatos gigantes, señores que reptan por el techo de las habitaciones, desnudos semi integrales y metamorfosis final del protagonista en perro Bulldog. Como tal regresa a París junto a su adorada, nada más que para caer en el Museo Grevin donde los muñecos de cera cobran vida y cual siniestros zombies juzgan al perro y lo intentan guillotinar en escena antológica. Será entonces la figura de Charlot la que salve la situación… hasta que el durmiente chupatintas despierte de nuevo a su triste realidad.
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Todo ello rodado con una frescura, un desparpajo y una alegría contagiosas, fantasía pura, que no blanca, rara avis de la que frecuenta muy poquito las pantallas. A celebrarlo, pues...

2010-01-15

Alimañas y mordiscos

Ya se lo advertí hace tiempo AQUÍ: antes de mutar en repelentes peluches o cantar como cretinas en las películas de Disney, las fieras salvajes se dedicaban a hincar mordisco. Dañinas, traidoras, esclavas de sus malos instintos, amigas de hacer correr la sangre humana.

Niños, ancianos, blancos y cobrizos: cualquier bocado es bueno para estas alimañas. En su exterminio no hay delito, como ahora, sino proeza y hazaña digna de ser cantada.

Bien a las claras lo muestra este album de lomo entelado y tapa dura de tiempos republicanos, en el que la casa TBO recoge algunas de sus muchas páginas dedicadas al tema durante los años veinte y treinta. Diminutas viñetas, exquisitamente compuestas, catálogo de banquetes en los que nosotros somos el plato.
Su dibujante más asiduo, el enorme catalán Serra Massana (de quien ya les mostré otras obras magnas AQUÍ), se complace en hacer sentir la fisicidad del mordisco. Casi nota uno, al ver estas imágenes insólitas, cómo unas fauces de hierro se cierran cruelmente sobre sus carnes...

Esta es la cubierta de tan instructivo volumen; les dejo además, para que pinchen encima y puedan regodearse a gusto, unas pocas páginas del album. Si son personas cabales, no pueden hacer otra cosa más que valorar este alarde de arte y sinceridad. Nada de imágenes edulcoradas del mundo: comer o ser comido, tal es la ley, qué le vamos a hacer...
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2010-01-11

El Círculo Goligher

EL CÍRCULO GOLIGHER
Diractor: Jaime Herrero. Con Nacho Diago, José Banyuls, José Manuel Sellés. Cortometraje de 19 minutos y pico. España, 2008

¡Por fin se anima la juventud y hace cine como debe de ser, mudo del todo y en blanco y negro! A las alegrías vividas en 2005 con The call of Cthulhu, y con la siguiente creación del mismo equipo The Whisperer in Darkness a punto de estrenarse, se suma ahora este corto extraordinario, amamantado por las fuentes estéticas más puras, el cine silente y la magia negra, en el fondo tan hermanos.
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Su realizador, don Jaime Herrero, empieza con buen pie al optar por el mudo como uno más entre todos los lenguajes fílmicos existentes del que tomar signos, formas, maneras. No lo usa como parodia –tentación de quienes engreídos de lo nuevo e ignorantes del pasado confunden alegremente viejo por caduco- ni le supone limitación técnica o simple ejercicio de estilo.

No pretende “homenajear” ni repetir como loro, sencillamente utiliza las claves del silente para contar su propia historia. Y como es de 2008 hasta aporta algunas soluciones y modos nuevos: cámara ágil cuando así conviene, trucos visuales muy de agradecer, tratamiento digital de imagen, incluso aproximaciones al gore de higadito de pollo más contemporáneo.





Cuento de terror acerca de sociedades secretas, viajes iniciáticos y sesiones de espiritismo, de eco genuinamente pulp en sentido literal -con esos ectoplasmas, esos resucitados y esos sustos en blanco y negro bien podría tomarse por narración de Weird Tales-, El círculo Goligher es relato canónico que no oculta su voluntad de ceñirse a los cauces del género. De ritmo sorprendentemente comedido y pausado, va creando el adecuado clima onírico y de misterio para desembocar en el puro terror de la invocación, con esa estética de médiums espiritistas del siglo XIX tan acorde con el clima del filme y que tanta comezón produce siempre.



Sobriedad interpretativa, extensiva a la muy destacable banda sonora; atmósfera y contención: todo felizmente muy lejos de la broma privada o la parodia impotente tan abundante en los cortos fantásticos de otros españoles de hoy.
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¡¡ATENCIÓN!! Pinchen AQUÍ para ver este corto fabuloso, y comprobar que el Abuelito no les miente nunca...

2010-01-07

Svengali

Los Programas Dobles del Abuelito presentan
ESPECIAL SVENGALI
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Lo primero fue una novela de George Du Maurier (pariente de la también escritora Daphne, muy apreciada por don Alfredo Hitchcok, y responsable, entre otros, de los libros Los pájaros, Rebeca o Posada Jamaica). Y no llevaba el nombre de Svengali, que se llamaba Trilby, aunque el indudable magnetismo del malvado terminase por imponerse. Allí, en esas páginas, nació este célebre hipnotizador, pequeño y olvidado mini-mito del cine de miedo, que hoy traigo acá al Desván.

La obra literaria, qué quieren, siempre me pareció poquita cosa. Meliflua historia de artistas británicos y bohemios en el París finisecular (del XIX, claro está), rehuye el tono fantástico que pudo redimirla y opta por cierta cursilería inane. Centrada en las peripecias más bien sosas de los jóvenes protagonistas, parece olvidarse del gran Svengali, única atracción de la función.

TRILBY
Director: Maurice Tourneur. Con Clara Kimball Young, Wilton Lackaye, Chester Barnett, Paul Mc Allister. USA, 1915

La primera adaptación al cine que se conserva -hay otras dos anteriores- la realiza en 1915 don Mauricio Tourneur, el papá de Jacques el de Yo anduve con un zombie, y se basa en la obra de teatro generada por la novela; de hecho los actores son casi los mismos. Como Rasputín, el místico peludo, Svengali atesora tras sus barbas, roñas y melenas, la capacidad de fascinar a las mujeres mediante sus poderes magnéticos. Mesmeriza así a la bella y atolondrada Trilby, y a cambio de posesionarse de su ser y dejarla en estado vegetativo, la convierte en prodigiosa diva de la Ópera y se casa con ella, muñeca sin alma.





Don Maurice empieza en tan temprana fecha a alejarse del modelo teatral, aunque no puede evitar el abuso de planos medios y generales. Como en el libro, se desdeña la figura de Svengali, en realidad la única alegría del filme, empeñándose en mostrar las hazañas insignificantes de la bohemia parisina. Gesticulaciones, señores de luengas patillas, grandes barbas y colores en sepia dominan la acción, algo desvaída y falta de sustancia. No ocurrirá lo mismo en el primer remake sonoro...

SVENGALI
Director: Archie L. Mayo. Con John Barrymore, Marian Marsh, Donald Crisp, Bramwell Fletcher. USA, 1931

Archie L. Mayo sabe ver bien que el atractivo de la historia no reside en las tontunas de los jovenzuelos, sino en la pérdida del yo y la posesión fatal que experimenta la infeliz Trilby. Su Svengali se centra en la figura del malvado, contando para ello con el grandísimo actor John Barrymore, miembro de una estirpe sagrada que compone aquí un personaje inolvidable.

Transcurre en un París de cartón piedra, de tonos expresionistas, donde ninguna pared es recta y ningún techo permanece horizontal sobre nuestras cabezas; sólo las sombras definen la ciudad. El hipnotizador deambula por sus calles, tortuosas como sus malos designios, mal iluminadas, como su alma oscura, artificiosas y embusteras como su misma naturaleza.

En prodigioso traveling, de esos que hacen historia del cine, la mirada profunda del malvado sale de su buhardilla para recorrer los tejados del París encantado y penetrar por la ventana en la humilde estancia de la hermosa Trilby. Desde entonces no conocerá la chica otro dueño, reducida su existencia a la de una sombra más, sin voluntad ni recuerdos. Tiniebla, recoveco, oscuridad, no queda otro futuro en la vida de la cantante que recorre Europa de la mano celosa de su enamorado verdugo.




Contada con los modos gloriosos del fantástico, es este el filme que hace ingresar a Svengali en el panteón de Mitos Menores que tanta veneración suscita en esta casa. Una película ejemplar, recital interpretativo del poderoso Barrymore, que se adueña por completo del filme. Y nosotros, amantes del exceso y lo extraordinario, no tenemos más remedio que rendirnos a sus pies y agradecérselo. Por siempre, que la fidelidad del fanático es así de contundente y eterna...