2009-01-12

Son of Ingagi

Cine Primate presenta...
SON OF INGAGI
Director: Richard C. Kahn. Con Zack Williams, Laura Bowman, Alfred Grant, Daisy Bufford. USA, 1940.

Una serie Z con monstruo y mad doctor, ortodoxa en su modestísimo planteamiento e involuntariamente llena de transgresiones, empezando por el reparto íntegramente compuesto por gentes de color negro, genuina blaxplotation de 1940, y siguiendo por el hecho de que el sabio loco de turno es una señora mayor con aspecto de dulce abuelita, la doctora Helen Jackson.





Como sus colegas masculinos es huraña, vive en una casa aislada y tiene un laboratorio oculto tras un panel secreto que incluye una mazmorra en la que guarda a Ingagi, un ser medio hombre medio mono, grandote, desaliñado y de muy malas pulgas que se trajo como recuerdo de su estancia en África como misionera.

Naturalmente, después de una serie de peripecias a cargo de una pareja de recién casados protegidos de la señora en cuestión, la bestia humana acaba por escapar y emprender una carrera de asesinatos que comienza, claro está, con el de la propia doctora. Por medio ya pueden imaginarse: un negro gracioso (esta vez el policía), deambulares de la criatura con la temprana novia en brazos, algunas escenas entre probetas y tubos de ensayo y un grandioso final con incendio de la mansión y muerte del monstruo.
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Virtudes y defectos son los mismos que los de cualquier otra producción de los estudios pobres de Hollywood: historia bizarra, narrativa plana, grandes actores, escasísimos medios, desvergüenza (la película se llama así recordando a otra de gorilas de 1930, Ingagi, con la que no tiene nada que ver) y el preciso gramo de locura que pone en funcionamiento todo el engranaje. Además, el maquillaje del monstruo es tan atroz que funciona, y hay un maravilloso número musical a cargo del grupo de doo woop The Toppers. Más que suficiente para que valga la pena, qué demonios.

(Esta es una de tantas lecciones de sabiduría publicadas en 2000Maníacos nº 38. ¡¡A ver si se lo compran de una vez, demonios!!)

2009-01-05

El misterioso Doctor Satán: los cromos

LOS CROMOS DEL DOCTOR SATÁN
A estas alturas todos ustedes, supongo, conocen al Doctor Satán. Como siempre queda alguno por ahí que no fue al cine aquellas tardes de los años cuarenta, les resumo su peripecia en celuloide.
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Es un serial modélico, de quince episodios en los que el justiciero urbano El Cobra, encapuchado, se enfrenta al malvado científico, mad doctor dotado de mortíferos inventos.



Era 1940. The mysterious Doctor Satan tuvo la fortuna de ser dirigido por dos maestros del género, William Witney y John English, habituales directores en la productora Republic, la que facturaba los seriales más aseados, creativos y alegres en presupuesto.

La estrella del serial era el Tanque Humano, un buzón de correos articulado capaz de llevarse por delante a quien el Doctor Satán le ordene con sus andares parsimoniosos, sus armas flamígeras y su abrazo del oso. Facturó imágenes memorables.

Pero basta de hablar de cine, que ya llegará la hora. Hoy les traigo muestras de la versión que en forma de album de cromos publicase la casa española Fher en 1943, que no todo fueron series de fútbol o historia natural, qué demonios.

Fiel adaptación de la película recreada en 216 dibujos coleccionables. Imaginarios fotogramas teñidos del ensueño irreal del que les dotan esos colores planos y desvaídos, hijos del subdesarrollo, que no estaba entonces la cosa como para lanzar carísimos cromos en más de dos tintas. Ingenuidad y convicción son su alimento. De ellas nace su capacidad de fascinar.

Vean cómo el Cobra parece dormir la siesta bajo un automóvil en marcha; constaten a placer la presencia de secuencias obligadas como las de la chica atada salvada por el héroe, el final del villano a manos de su obra o la grácil figura del enmascarado balanceándose de una soga.
Manuel Gutiérrez Garulo, "Gutmaga", ilustrador y escritor, fue su prodigioso padre. Un artista de obra prolífica y conmovedora que no tardará en volver a asomar por el Desván.

2008-12-29

Cuando Sherlock Holmes era alemán

Traigo hoy, nietecillos, para su instrucción y deleite, unas cubiertas e ilustraciones del más célebre de los Sherlock Holmes apócrifos, los fascículos que encargaba el editor alemán de Verlaghaus für Volksliteratur a diversos escritores teutones, sin encomendarse ni a dios ni a Conan Doyle.
Se vendieron como los churros en toda Europa desde su aparición en 1907, con el consiguiente cabreo del autor del personaje, que denunció por plagio al editor. Y ganó el caso, obligando a que las hasta entonces tituladas Memorias íntimas de Sherlock Holmes pasaran a denominarse Memorias íntimas del Rey de los Detectives. En el interior de los folletines se siguió utilizando el nombre de Sherlock Holmes, cambiando al Doctor Watson por un jovenzuelo absurdo llamado Harry Taxon.

Ignoro el nombre del ilustrador de las portadas que aquí les muestro, por otra parte, un genio anónimo como pueden ver. Estas son de la edición española de principio del siglo XX que sacase F. Granada y Cía. con colosal éxito. Verán que las escaneo, para que puedan verlas mejor, sin el logotipo de la colección. Miren una de ellas entera e imagínense el resto, que así apreciarán mejor el dibujo.

Loco sentido del misterio y la fantasía que marcará el devenir del género policial durante años. Una muerta metida en una maleta, un sangriento pirata en el Támesis, hombres enmascarados, jorobados émulos de David: maravillas y secretos sin cuento en cada entrega.

Hasta el mismísimo Jack el Destripador es capturado por nuestro héroe disfrazado de meretriz en las calles de Whitechapel: más arriba tienen la prueba. Estas sugerentes ilustraciones son las que comprase años más tarde un editor belga y que sirvieron de inspiración a Jean Ray para crear al inmortal Harry Dickson, con el que quisiera o no, el detective inglés compartió iconografía. Servidumbres de la cultura popular...

2008-12-27

The maze

THE MAZE
Director: William Cameron Menzies. Con Richard Carlson, Veronica Hurst, Katherine Emery, Michael Pate. USA, 1953

La lección de hoy, queridos nietos, es que no deben tomar demasiado en serio todo de lo que leen por ahí . En una búsqueda por la red acerca de este filme que traigo a colación, un clamor casi universal lo califica de decepcionante a causa de su desenlace: no lo han entendido, pobrecillos. Tan grande como es, en realidad...
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¿Cómo no iba a ser así siendo obra de don Guillermo Cameron Menzies, el más genial director artístico de todos los tiempos, mago absoluto de la puesta en escena? Tiene gracias a su mano un aire como de los años treinta, con mansión envuelta en bruma, árboles retorcidos, pasadizos secretos, telarañas... de nuevo la escultura de las sombras, definiendo espacios físicos y estados de ánimo. Iconografía gótica tan canónica como su mismo argumento.
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Dos mujeres en apuros en una mansión misteriosa presidida por una laberinto. Una maldición familiar; un hombre, el anfitrión, que envejece veinte años en tres semanas; largos pasillos con siniestros criados que los recorren armados de candelabros... luces y ruidos nocturnos, como de chapoteo, de origen desconocido... y huellas de monstruo en las alfombras, cada mañana más visibles... terror de sombra y atmósfera, pautado y ortodoxo como debe ser. ¿Cuál es el secreto que atenaza el viejo castillo...? Nada se revela hasta que las señoras deciden penetrar una noche en el prohibido laberinto...
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Y aquí estalla la heterodoxia. Monstruosa, como me gusta a mí. En forma de una criatura que resulta ser el deforme y centenario antepasado del amo del castillo, quien está obligado a cuidarlo por los siglos de los siglos.... Nada menos que una rana gigante, caprichos de la evolución, que vive en el estanque centro mismo del laberinto misterioso. Batracio colosal que siente y razona como las personas, y que tras ridícula carrera perece al precipitarse desde una ventanal de la mansión.


Dicen los puretas que semejante final estropea chuscamente la atmósfera recreada: resulta por el contrario, colofón acertadísimo. El Hombre Rana proporciona a la película una lectura surreal, la eleva de lo que no era sino una muy correcta serie B hasta los altares exquisitos del Cine Loco y hace que este anciano pierda toda objetividad... Viva Cameron Menzies. Vivan las criaturas verdes de ojos saltones, por siempre jamás.

2008-12-24

Santa Claus contra los marcianos

SANTA CLAUS CONQUERS THE MARTIANS
Director: Nicholas Webster. Con John Call, Leonard Hicks, Vincent Beck, Pia Zadora. USA, 1964.

Ay, que no quería, miren que no quería, no soy yo dado a estas cosas de la navidad, que desde que cumplí los ochenta y cinco que les he perdido el gusto... y sin embargo, no he podido resistirme!

En fecha tan señalada, ¿qué mejor que traer a colación aquella ocasión en que el bueno de Santa Claus conquistó el corazón de los habitantes del planeta Marte? Ya imagino que muchos de ustedes conocen este clásico de la psicotronía, y también que otros blogos lo sacarán hoy a la palestra, pero qué quieren... ya les digo, no he podido resistirme!



Era 1964, naturalmente en el país bizarro por excelencia, los Estados Unidos. Venga a observar la Tierra desde el planeta rojo, hasta que, claro, los niños marcianos pidieron a sus mayores que les trajeran un Papá Noel como el que tenían los terrícolas. Y los papás, ni cortos ni perzosos, hala a viajar hasta el Polo Norte, con un malvado robot y todo, para secuestrar al gordo fabricante de juguetes y llevárselo a su mundo.

En Marte y junto a niños terrestres y marcianos, el Barbablanca terminará por conquistar el corazón de sus habitantes con su bonhomía y sus tontísimas carcajadas, además de derrotar a unos cuantos malos con bigote, reacios a dejarse llevar por el espíritu navideño.

¿Qué quieren que les diga? Esto no es cine normal, como pueden imaginar. Una comedia oligofrénica para niños de los sesenta (de los menos espabilados, todo hay que decirlo), un delirio, un desvarío fílmico. Contado en unos colorines imposibles y preciosos, con una escenografía recargada y dulzona, como corresponde al tema. Con un humor netamente chiripitiflaútico, tontorrón y gesticulante. Con un planeta Marte de estética psicodélica y atrozmente cutre, vean si no las pintas que lucen los oriundos.

Y yo, qué quieren, la veo a gusto. Lenta y necia como es, meriendo mis infusiones de hierbas celestinas y no puedo evitar sonreír medio bobo cada vez que sale el taller de Santa Claus o un marciano que se parece a Joe Rígoli (¿alguien lo recuerda?). Cosa de la edad ha de ser esta beatitud mía... claro que si esto es quedarse medio lelo, bienvenida sea la chochez. ¡¡Felices fiestas a todos, nietecitos del mundo enteroooooooooo!!
(Última hora: vayan a esta dirección de aquí http://www.magiccarpetburn.blogspot.com/ y además de ver un magnífico blogo, podrán leer la versión en tebeo de este clásico navideño. ¡No se lo pierdan!)