2008-12-21

Gustave le Rouge

La serie Grandes personas con bigote presenta a



GUSTAVE LE ROUGE

Sale a la palestra hoy el primero de una restringida lista de escritores que desfilarán por el Desván. Uno de los más ilustres folletinistas franceses, nada menos, gloria de la literatura fantástica más irreverente. Hombre prolífico, de imaginación febril, su cerebro hervía en ocurrencias como olla puesta al fuego; a borbotones las volcaba sobre el papel dando lugar a decenas de novelas inverosímiles.

Hijo del siglo XIX, nació en 1867; vivió bohemio y librepensador, forjador de nuevas estéticas por las que había de discurrir la literatura popular más falta de prejuicios. Fue viajero, filósofo licenciado, autor de teatro, cantante, amo de títeres y marionetas, secretario de un circo y hasta corresponsal en los frentes de la Primera Guerra Mundial. El misterio y el dislate son las materias con las que moldeaba sus creaciones, que van de lo policial a la ciencia ficción más extravagante.

En 1908 mandó al planeta Marte a un ingeniero francés, lanzado al espacio en una esfera propulsada por la energía mental reconcentrada de todos los yogis y fakires de la India. Allí encontró el Prisionero del Planeta Marte prodigios sin cuento: vampiros casi humanos, extraterrestres gordezuelos, pensantes invisibles, hasta un cerebro de tamaño superior al monte Mont-Blanc, que gobernaba con sus monstruosas circunvoluciones el astro entero. Dos novelas constituyen su epopeya:


Su creación más célebre fueron las aventuras del siniestro Doctor Cornelius, "el escultor de carne humana", un genio del mal a caballo entre Fantomas y un mad doctor que vivió en las páginas de una colección de folletines convertida en clásica desde su aparición en 1911, esencia condensada y sabrosa de cuanto ofrece el género. Aquí la publicó Saturnino Calleja en su colección Enigma. Bruguera hizo lo propio en los 80, dejándola inconclusa en dos volúmenes de horrendas cubiertas.


Léanlo cuando puedan, que todavía es fácil rastrear sus obras en librerías de viejo en la colección Novelas y Cuentos que aquí les enseño. Y mientras esperan que algún editor piadoso se decida a lanzar de nuevo al maligno Doctor, vean al menos el índice de sus episodios, con esos nombres que son pura e impercedera poesía pulp.

2008-12-18

The horror of it all

THE HORROR OF IT ALL
Director: Terence Fisher. Con Pat Boone, Erica Rogers, Denis Price, Andree Melly, Valentine Dyall. Gran Bretaña, 1963

Una gran sorpresa, nietucos, de las que alegran el día entero. Una comedia de terror a cargo del genio Terencio Fisher, alejado por una vez de la Hammer y parodiando con fina ironía un universo que conoce al dedillo y en el que se mueve como pez en el agua.

El cantante Pat Boone llega a una lóbrega y aislada mansión en busca de su novia. Noche de tormenta, claro, puertas chirriantes, trampas mortales y demás parafernalia le reciben. Se ha metido de lleno en un caserón estilo Old Dark House habitado en esta ocasión por una muestra de las figuras más selectas del género, la estirpe maldita de los Marley. Una ingenua joven, un mad doctor, un extravagante actor, una aprendiz de vampira, un flemático aristócrata y hasta un loco furioso encerrado en un armario, a quien volvieron tarumba los cazadores de cabezas de Borneo.

Uno por uno, en deliciosa sucesión, van cayendo asesinados. Con un escalofrío de placer vemos desfilar todos los lugares comunes retratados con el sabio sentido de la iluminación y el ritmo narrativo del Maestro, de la habitación en la que desciende el techo a la tarántula en la cama, el laboratorio siniestro o el retrato en la pared cuyos ojos se mueven.

Y no puede evitarse una permanente sonrisa contenida, felicidad muy británica, ante semejante despliegue de inteligencia y amor a lo parodiado. Setenta minutos a disfrutar con secreto regocijo, altamente recomendables para muchos de ustedes, admiradores ciertos del talento de don Terencio.

2008-12-15

The Green Slime/ The slime people

Los programas dobles del Abuelito presentan un...
Especial Babas Verdes

THE GREEN SLIME
Director: Kenji Fukasaku. Con Robert Horton, Luciana Paluzzi, Richard Jaeckel, Bud Widom. USA/ Japón, 1968.

Comienza la sesión con una del espacio que tiene toda la pinta de japonesa, pero en la que no se ve ojo rasgado alguno. Es coproducción con los yanquis, con actores occidentales sumergidos en un ambiente de tuberías de colores, lucecitas y preciosas maquetas, signo distintivo de la maravillosa ciencia ficción nipona de los sesenta. Un canto a la artificialidad y el cine de juguete tan grato a los habitantes del País del Sol Naciente. Puro pop.





Entre galanes rubios y fuertes, muchachas doctoras de espléndidas formas, minifaldas con medias de colorines y hasta algún que otro guateque sideral, se nos cuenta el ataque que unos entes extraterrestres desencadenan contra una estación orbital. Magníficas masas verdosas que se reproducen como amebas y agitan sus tentáculos bajo una piel llena de verrugas y un sólo ojo grande y colorado.

Visualmente muy hermosa, con un argumento algo tontorrón, como es costumbre en esta SF de rayos láser y pistolas atómicas; el ritmo es el adecuado, el preciso para que personajes sin entidad alguna combatan a las Gigantescas Babas Verdes, verdaderas estrellas del filme y quienes justifican su existencia. Ciencia ficción de la que gusta por esta casa, mucho más cercana al sentido de lo maravilloso de Irwin Allen que a las trascendencias y mensajes a lo Kubrick. Y es que ese mismo 1968 se estrenaron 2001: una odisea en el espacio y El planeta de los simios, en las antípodas de la esta película sencilla e ingenua, canto de cisne de unas fantasías demasiado inocentes para los tiempos que habían de venir.


THE SLIME PEOPLE
Director: Robert Hutton. Con Robert Hutton, Les Tremayne, Robert Burton. Susan Hart. USA, 1963
De segunda peli echaron una en blanco y negro de los primeros sesenta, muy en la onda de las traídas y llevadas invasiones de seres mefíticos tan propias de la década anterior.

Un disparate sin apenas explicación acerca de seres reptilescos de limo verde que salen del subsuelo y conquistan en un santiamén la ciudad de Los Ángeles. Eficacia incomprensible dado que se mueven muy despacio, son apenas media docena y a lo más que ha llegado su tecnología es a fabricar una lanza. Los humanos supervivientes se reducen a un señor malhumorado de traje y sombrero, sus dos hijas jovencillas, un piloto recién aterrizado de su avioneta y un soldado raso encargado de la defensa de la metrópolis.
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Para combatir la subterránea invasión los protagonistas hablan y hablan, pasean y pasean en coche, y arrean algún sopapo a las pocas gentes de limo que se dejan ver mientras la paciencia del espectador se agota a marchas forzadas. Para colmo, una persistente niebla nubla la ya de por sí poco clara fotografía, torturando más aún el ojo del pobre desdichado que ha pagado su entrada para encontrarse con esto .

Ay, qué aburrimiento, mal me sabe confesarlo: cine zoquete e inoperante, que apenas logran salvar algunos planos de las malvadas criaturas. Y eso sólo para los que como yo, en viendo un monstruo, perdonamos fácilmente todo lo demás...

2008-12-11

Peligro amarillo

Miren que se lo tengo dicho: no se fíen de los chinos, que llevan coleta y son crueles y hacen torturas y citan a Confucio y comen perros y cosas raras...
Vean si no como van llegando al Desván nuevas pruebas de su perfidia, de voces tan autorizadas como la de don Edgar Wallace... y del otro que traigo hoy... como para fiarse de un asiático con semejantes bigotes...

(La serpiente amarilla. Edgar Wallace. Las novelas de la Palma, editorial Maucci hacia 1950, portada de E. Vicente; Los jugadores de Mah-Jongg. Louis T. Jourdant. Col. Diamante amarillo, ediciones Marisal 1940, portada de Adolfo López Rubio)

2008-12-08

Roberto Alcázar vs. los Gorilas Asesinos

ROBERTO ALCÁZAR vs. LOS GORILAS ASESINOS
A la carga vuelvo con ese filón inagotable de imágenes y situaciones bizarras que es la colección facturada por Eduardo Vañó entre 1940 y 1975. Que si envidian ustedes sanamente a los mexicanos por poseer su propio Santo, consuélense pensando que por estos pagos tenemos a Alcázar, harto más maltratado aún que el ahora popular Enmascarado de Plata. Y sin embargo, sus méritos son casi los mismos.

Vean sino sus buenas relaciones con ese animal real devenido icono del fantástico: nuestro antropide favorito, el gorila.

Habitante junto al encapuchado, el sabio loco y el gángster del mundo loco de estos tebeos, a menudo es objeto de perrerías por parte de sus compañeros: que si le trasplantan cerebros humanos, que si lo guardan en una jaula para zurrar a los enemigos, que si lo envían a matar a este o aquel... Menos mal que de vez en cuando alguien se acuerda de sacarlo a tomar unas cañitas...No sólo en la urbe se enfrentan el detective español y su ayudante con los siniestros simios. A lo largo y ancho de este mundo los encuentran, sea como habituales compinches de los hechiceros africanos al acecho de inocentes paseantes, sea en grupo y armados de cachiporras; gigantes como Pimbo o incluso amistosos anfitriones en su propia tierra.

Aliado de chinos malvados, motorista, objeto de la zoofilia de un gangster, alborozado espectador de la somanta que Roberto propina a un travesti: las mil caras del universo alcazariano vistas por un mono. Una cumbre estética del siglo XX.

2008-12-03

El Super Loco

EL SUPER LOCO
Director: Juan José Segura. Con Carlos Villarías, Leopoldo Ortín, Aurorita Campuzano, Emilio Fernández. México, 1936

Nada menos que todo un pionero del fantástico mexicano sale hoy a la palestra en el Desván. Repleto de situaciones terroríficas y diálogos incesantes.... bien que sea cierto que no se oyen más que sinsentidos, además con fuerte acento del Distrito Federal.

Carlos Villarías, el Drácula de la versión hispana de 1931, interpreta al licenciado Dyenis, que pone continuamente miradas lugosianas para dejar bien claro que es un doctor de lo más loco. Tiene, además, ochenta años y aparenta unos cuarenta (dicen), gracias a sus saberes médicos, y guarda en un calabozo calcadito de los de la Universal lo que tanto él como su ayudante hindú (el más tarde director de cine Emilio "Indio" Fernández, con turbante negro) llaman “El Monstruo”, que no es más que un pobre paleto rugiente, alto, flaco y poco agraciado, a quien se ha vestido con unos harapos sin molestarse en maquillarle o aplicarle siquiera unos miserables dientes postizos.

El humor mala pata lo aporta, en medio de la pareja de novios de rigor amenazada por los deseos libidinosos del sucio científico, el comicastro Leopoldo Ortín en el papel del compadre Sóstenes, un gorrón que no hace más que darle al trínguilis todo el día. Por pura casualidad el amante del frasco acaba con el Monstruo cuando éste, sin que se sepa muy bien porqué, escapa y la emprende con el Doctor Dyenis, que además, también sin venir a cuento de nada, recupera de golpe su verdadero aspecto de octogenario cascado.

¿Han entendido ustedes algo? Pues al director Juan José Segura tampoco debió importarle comprender gran cosa, porque dirige con más desidia que acierto esta cinta que anticipa los posteriores desvaríos charros, de estética austera y narrada a borbotones. Fuerte tufillo a rancio, pero fantástico bizarro al fin y al cabo, alimento algo grosero al paladar pero que bien digerido no deja de resultar nutritivo.