2011-04-13

Tarzán entre los indios shoshones - 2

HAWK OF THE WILDERNESS
Directores: William Witney y John English. Serial en doce episodios con Herman Brix, Mala, Harley Wood, Monte Blue. USA, 1938
Persecuciones, brincos, golpes y carreras. La esencia del serial, de hecho su única alma, es la acción. Desconoce el género cualquier tipo de reflexión, abomina del tiempo muerto, desecha el más mínimo asomo de cotidianeidad o realismo: en este mundo en blanco y negro todo debe ser extraordinario, sensacional en el más estricto sentido de la palabra: puro cine de la emoción. Primaria, tosca, elemental, la que se produce al ver castigado al Mal, a bofetones además, en identificación con un Bien musculoso y siempre triunfante. Reconfortante mecanismo de necesaria alienación, simple y sincera.
No es extraño pues que el libro Hawk of the Wilderness no tardase en ser llevado a la pantalla, y en forma de serial como corresponde a su naturaleza intrínsecamente pulp. Acción a raudales, triunfo del individuo sobre la colectividad, de la nobleza sobre la mezquindad... y encima ambientada entre nativos americanos, mucho más cercanos en el imaginario del espectador que las tribus de negros pintarrajeados que pueblan el universo tarzánido. Elementos suficientes para cautivar a los productores más avispados, que adivinan tras ellos buena fortuna a ganar, y no se equivocan.
Se encargaron de llevar a Kioga al celuloide los reputados especialistas William Witney y John English, dos sabios del medio responsables de algunos de sus mejores títulos, de Nyoka o Fu Manchú al Capitán Marvel pasando por las tortuosas andanzas del Doctor Satán, viejos conocidos de esta casa de quienes ya loé en otras ocasiones sus virtudes. Garantía son sus nombres de no aburrir al espectador, cosa nada fácil en un mundo tan simplón, codificado y esterotipado.

El filme adapta a su modo el texto literario, fundiendo varios elementos de los relatos originales, obviando la netamente tarzanesca infancia del héroe, simplificando (aún más) las tramas de los mismos. Mas es espectacular, está rodado en escenarios naturales que le aportan una variedad visual rara en un género que gusta de moverse entre apenas dos platós, y lo interpreta además don Herman Brix, aquel atleta teutón reconvertido en héroe de la chiquillada que prestase poco antes su perfecto tipo ario al Señor de la Jungla en la ya comentada The new adventures of Tarzan. Le acompaña el señor Mala, un actor de Alaska especializado en papeles de esquimal o hawaiano cuya máxima ilusión era transformarse en tarzánido (lo que casi consigue con Robinson Crusoe of Clipper Island), pese a su físico bajito y algo escuchimizado. Sueño bizarro que cuenta con todas las simpatías de quien les habla.

Kioga saltando de árbol en árbol, Kioga zurrando como se merece al malvado brujo Comadreja Amarilla, Kioga conquistando el corazón de la hermosa muchacha blanca, Kioga enfrentando fieras y hordas de salvajes, Kioga derrotando maleantes, Kioga rescatando entre erupciones volcánicas a sus hermanos de raza y civilización. Nada nuevo -lo que por otra parte entraría en contradicción con la esencia de un cine eminentemente conservador- ni falta que hace, pues da al espectador justo lo que quiere: iteración y reconocimiento. Excelentemente servidos, eso sí, pese a lo machacón de algunos capítulos...


Mínimo inconveniente para quien quiera dejarse acunar por las emociones primarias que este Halcón Blanco sabe despertar de forma tan eficaz.

6 comentarios:

Altés dijo...

Actores no ya olvidados, sino carcomidos y despeluchados por el implacable paso del tiempo y la progresiva desaparición por decrepitud, invalidez o caquexia de aquellos niños que con usted se asombraban hace tantos años con las hazañas de estos tarzanes de fortuna, aparecidos al calor de los éxitos del Señor de la Selva...

Secundarios como ese indio del Gran Norte que menciona, adicto por lo que se ve a los papeles de último rango, generalmente poco exigentes en el manejo de los resortes del arte dramático...

Escenarios, en este caso naturales, como bien pone usted de manifiesto, pero que de ordinario no eran más que un rudimentario disfraz, hecho de cartón y trapo, con que se ahorraban desplazamientos y molestias, verdadera pesadilla para cualquier productor...

Maravillas todas de ingenuidad, prodigios de evasión, fantasías propias de un mundo que ya es ido y que nunca volverá...

No deja de asombrarme Abuelito su enorme facilidad para deslizar sutilmente erudición a raudales en medio de lo que usted hace parecer un simple curso de cine y literatura recreativas.

El Abuelito dijo...

"Actores no ya olvidados, sino carcomidos y despeluchados"... que felicísima definición...

Lorenzo/Fotos Antiguas de Mallorca dijo...

Que cosas más raras y bizarras que nos descubre usted, abuelito...
Saludos.

angeluco10 dijo...

Creo que ya sé cual va a ser el próximo serial que vea.
Muchas gracias por la recomendación abuelito,aunque en verdad no haga falta ya que soy fan incondicional de este tipo de entretenimiento tan "entretenido".

El Abuelito dijo...

Usted sí que sabe, don Angeluco...

mamolon dijo...

Donde se puede conseguir este serial,la verdad es que tiene muy buena pinta este de Tarzán, Abuelito.