2008-07-09

Visibilidad lésbica

EL TRIUNFO DE CARMELA
Hala, para que luego digan que el Abuelito no vive al día: me he enterado del día del gay que se ha celebrado hace nada, y yo también quiero contribuir a eso de la visibilidad lesbiana que coreaban las masas, que me parece muy bien todo eso. De ahí la muestrecilla que hoy viene a colocarse en el polvoriento escaparate del Desván.
Proviene de un ejemplar de la colección La novela de hoy, una de tantas de las que se publicaban semanalmente en el primer tercio de siglo (veinte, claro, otro no hay). Ediciones populares, a bajo precio, pero con contenidos lejanos al mundo del género, elaborados por autores "de prestigio", fuera del circuito del pulp y el folletín. Aquí caben de Unamuno a Emilio Carrere, pasando por Baroja o el teósofo Mario Roso de Luna.

Dirigió la colección el autor de esta obrita, el prolífico y entonces renombrado Artemio Precioso. Este título apareció en enero de 1925, y cuenta la historia de dos amigas, Carmela y Marité, artista una e intelectual la otra, alumnas en el internado de unas monjas francesas de un pueblecito del norte de España.

Ambas desarrollan una íntima amistad que no se molestan en absoluto en ocultar. La verdad es que sorprende la naturalidad y hasta la delicadeza del escritor al tratar el tema: nada de porno, como ocurriría pocos años más tarde, nada tampoco de mojigaterías ni convencionalismos. Ni de rollos enfermizos a lo Bilitis de David Hamilton.

Cinismo a raudales, eso sí: para sortear a la sociedad, cada una de ellas se casará con el padre de la otra, ambos respetables viudos, pudiendo así seguir su romance sin que ningún carca les estorbe.

El texto es deliciosamente expreso; de los dibujos del ilustrador Varela de Seijas no les comento, que a la vista tienen su elegancia y donosura. Vean a las dos amantes retratadas, paseando del brazo, haciendo befa de la facha de la clase (que pintan como fea), encarando la autoridad paterna o dedicándose las más explícitas carantoñas.

Ya lo ven ustedes: visibilidad lésbica, como la que se pide ahora, pero de 1925 nada menos. Para que luego se quejen ustedes de lo viejuno...

6 comentarios:

Igor Von Slaughterstein dijo...

Para que luego digan que no estaban avanzados a su tiempo, madre mia!! Una joya decimonónica.

Saludos!!

javier dijo...

Como lo dijo Grace Morales en un Mondobrutto de hace años: La modernidad llegó en su momento a España. Por más que Primo de Rivera intentase atrasar las ruedas del reloj, en las urbes se vivía un cambio de aires que terminó con la llegada inevitable de la reúplica y ¡ay! la guerra civil.

Anónimo dijo...

A mi esto de mujeres besándose
con otras mujeres me pone tontorrón.

Abuelito, saque ud más picardías de estas en su blog que
nos alegran cosa mala!

sin cromosoma y dijo...

Maravillosa entrada, aunque (cómo no) estropeada un poquitin por algún tio salido y su comentario.

Genial por la visibilidad, pero se le quitan a una las ganas de mostrarse para deleite de machitos comunes.

Maravillosa entrada. Gracias.

El Abuelito dijo...

Muchas gracias a usted por sus coimentarios... comprenda que de los de nietos poco acertados no soy yo el responsable, ni puedo controlarlos... no es mi punto de vista, desde luego, que el mío creo lo dejo claro en la entrada.

angeluco10 dijo...

1925.
Siempre oí decir que todos los avances sociales que se consiguieron en unos poquitos años de principios de siglo quedaron enterrados durante cuarenta años de dictadura y algunos más de democracia.
Poco a poco hemos vuelto a levantar cabeza pero estas "modernidades" de principios de siglo nuca dejarán de asombrarme.