2008-02-01

THE BRIDE AND THE BEAST

THE BRIDE AND THE BEAST

Director: Adrian Weiss. Con Charlotte Austin, Lance Fuller y Steve Calvert (Gorila). Usa, 1958

Mareado estoy, nietucos. Ay, que no sé si no me habré vuelto ya chocho del todo. Acabo de ver una película y no sé si la he entendido bien, y eso que no hablaban demasiado. Se llama La Novia y la Bestia, y el guión, que de ningún modo la dirección, es de Ed Wood, ese buen hombre que gracias al deplorable seguidismo de Timoteo Burton que ustedes tienen por costumbre practicar, pues está a estas horas más abrasado que un misto. Ea, regañinas aparte, vaya por delante que lo grandioso de esta película es sin duda el guión, porque lo demás, que quieren que les diga, como si no existiera: ni dirección de actores, ni de fotografía, ni artística ni nada.
En fin, les cuento. Érase una pareja de recién casados, sus labores ella, cazador de animales salvajes él, que tras la luna de miel se instalan en la flamante casa del marido. Vaya a saber por qué -a lo mejor no lo pudo colocar a ningún zoo- el señor tiene guardado en los sótanos a un gigantesco gorila enjaulado que lejos de asustar a la novia, parece atraerle la mar. Venga de visitas al sótano a espaldas del esposo, hasta que un día es el simio quien decide subir hasta el dormitorio con intención de cumplir con la chica. Lástima que el cazador lo pille in fraganti y lo despache de tres disparos.
Bien, no acaba la cosa, que en realidad han pasado sólo diez minutos de película.
Nuestra amiga se somete a hipnosis regresiva, un método muy de moda en la serie B, para descubrir, en alucinantes imágenes en negativo, que en una existencia anterior había sido nada menos que Reina Gorila de una tribu de antropoides. Continúa la acción: el matrimonio viaja a África para cazar fieras. Llegan a la jungla, sigue como media hora de stock shots de animales, los mismos que salen en las películas de Tarzán, hasta que como era de esperar se encuentran con un gorila que ni corto ni perezoso se lleva a la moza bajo el brazo.
El paseo por la jungla vale la pena, porque ella parece no estar pasándolo del todo mal; no digamos la escena en que llegan a la cueva en que habitan los gorilas (?), negros, rojos y blancos (?) y la muchacha se instala, como si tal cosa, en un trono entre frutas y huesos que le tenían preparado.
A todas estas el marido ha organizado una expedición de rescate. Armado con su rifle llega hasta la guarida de los simios. Ve a su esposa y le hace señas para que se levante del bizarro asiento y marche con él. Y entonces, escena cumbre, la mujer hace un gesto a uno de los monos que tiene más cerca y éste le zumba un bofetón al marido que lo deja descolocado. Mirada de pasmo hacia la chica y fundido en negro.
Última secuencia. Ha pasado un año y junto a una chimenea encendida y con dos copas de coñac, charlan el atribulado cónyuge y un amigo suyo.
".- Entonces, ¿la dejaste allí? pregunta el asombrado colega .- Era su voluntad. Era su mundo", contesta el cornudo, y una postrera imagen de la mujer, feliz en brazos de su gorila, cierra el film.

¿Zoofilia? ¿Con gorilas? ¿Reencarnación? ¿Bestialismo? ¿En 1958? ¿Alguien también la ha visto? ¿Puede confirmarme si es de verdad?

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Apreciado abuelo, creía haberle escrito ya, pero como no aparece insisto: he echado un rápido vistazo a este su blog, y seguro que volveré a menudo.

Su seguro servidor.

C. Rancio dijo...

Perdón, ese anónimo era yo, C. Rancio

Anónimo dijo...

El blog está muy bien. Desde hoy tiene un adepto más. No sé si esto es bueno o malo, pero lo que cuenta me parece muy interesante.

Un saludo y adelante de parte de adriculocipriculo

El Abuelito dijo...

Gracias por sus ánimos, señor Rancio. Ya sabá yo que con semejante apellido habá usted de ser persona cabal!

mister amnésia dijo...

Las piezas que más me gustan son las de monstruos que sufren de amores. Y ésta es un buen ejemplar.