2008-02-19

Charlie Chan in Black Magic


BLACK MAGIC (a.k.a. Meeting at midnight)
Director: Phil Rosen. Con Sidney Toler, Mantan Moreland, Frances Chan. USA, 1944.

Otra de las que el grande detective oriental rodó con la Monogram, último de sus refugios tras los años de abundancia con la Twenty Century Fox. Son los cuarenta y el cine es cosa de estudios, ya deberían saberlo. Warner Oland, el magnífico licántropo Doctor Yogami en Werewolf of London (1935), encarnó a Chan en sus mejores tiempos, en 16 películas nada menos.
Esta la protagoniza Sidney Toler, que de chino tiene lo mismo que Oland (nada), pero que como él, demuestra una vez más con su impecable creación que es siempre preferible la imitación , lo artificial a lo real. Valen un potosí sus modales atildados, sus proverbios de Confucio y su dicción entrecortada. Es más, son la mitad del encanto. Porque no nos engañemos, estas son películas a las que se acude en estado de mono, cuando la retina suplica estética serie B años cuarenta. La realización es como en casi toda la Monogram correcta y rutinaria, con una sola cámara, modos teatrales y prisa loca por ceder el plató a la siguiente producción que está por cocerse. Los argumentos enloquecidos o los grandes actores redimen este tipo de títulos; de lo contrario, ay, el bostezo está casi asegurado.

Black Magic se llama esta aventura y eso la salva. Aunque el esquema es idéntico al de las otras cuarenta y tres películas de la serie, o sea la investigación en un escenario único lleno de sospechosos, aquí se juega con la ventaja de contar con hipnotizadores asesinos, muchachas en trance, sesiones de espiritismo y drogas que quitan la voluntad, ingredientes capaces por sí solos de animar cualquier argumento. Y con los maravillosos trajes blancos de Charlie, las gracias tontorronas de su chófer Mantan Moreland, el negro miedoso de ojos desorbitados, y los policías bobos de turno. Qué demonios, que viva Charlie Chan!

1 comentario:

jordi dijo...

Lo original en esta película era la resolución de los asesinatos cometidos, supuestamente, por balas fantasma. Al final, Chan descubría que eran de hielo, y que se fundían al instante tanto por el impacto, como por el calor de la sangre al manar.