
MIS AMIGOS LOS DEMONIOS
¡Hola, pimpollos! ¡Qué mejor manera de que me disculpen estos días pasados, que les he tenido tan descuidados, que inaugurar para su educación y recreo una nueva sección, como las ya muy exitosas de El Peligro Amarillo y Las glorias del folletín.

Esta que empieza hoy se va a titular DEMONIOS, en honor y recuerdo de estos seres siempre presentes en la raíz de todo terror. Cronistas de sus andanzas los tienen a cientos; reporteros gráficos del Hades, también.
Uno de los más notables fue el grabador mejicano Manuel Manilla, prolífico artista de folletines, cuentos, grabados y estampas durante los diez años (1882-92) que estuvo al servicio del editor Antonio Vanegas, rey de las publicaciones populares. Justo cuando él se retiró entró a trabajar en la casa José Guadalupe Posadas, a quien los más adelantados entre ustedes sin duda conocen por sus famosas calaveras.
El demonio captó muchas veces su mirada de artista. Es el satancillo clásico, el de cuernos y rabo. Como muestra, que de este grande ya repetiremos, vayan estas representaciones para el día de hoy.
Y como recomendaba Don Vicente Risco, gallego erudito en estos temas infernales y autor de la monografía Satanás- Historia del diablo, antes de cerrar el ordenador repitan conmigo la jaculatoria salvífica ... "Puesto que el Demonio existe...¡Arrenegado sea!".








Un editor alemán, listo y desprovisto de vergüenza, decide comenzar a publicar en 1906 una colección de folletines de gran formato protagonizados por Sherlock Holmes en aventuras apócrifas y disparatadas en las que se enfrenta a fantasmas, gorilas parlantes y hasta al mismo Jack el Destripador. El caso es que don Arturo Conan Doyle, el padre de Sherlock, agarra un justificado berrinche cuando se entera y como era previsible denuncia el robo de su personaje. La explotation había nacido en la cultura de masas. Loado sea el momento primigenio.













Una edición de 1935 de la primera novela del
Un folletín anónimo, cita obligada, de la catalana editora Gato Negro (ustedes la conocen como Bruguera), hacia 1930. 













