2012-05-24

Fantasmas españoles

LA LLAMADA
Director: Javier Setó. Con Emilio Gutiérrez Caba, Francisco Morán, Carlos Lemos, Tota Alba. España, 1965
¡Menuda joyita olvidada que traigo hoy bajo el brazo! Nada menos que una peli española de miedo, de antes que empezara eso que ahora llaman fantaterror de sangre, señoritas en sostén y monstruos con colmillos. No, señor, esta es de terror de otra clase, del antiguo, del que huye de criptas y se refugia en temores ancestrales. Rodada en 1964, es heraldo y pionero de la explosión de horror que asolaría poco después los cines de barrio peninsulares. La llamada es su título, y es elegante, sobria y de fantasmas. ¿Quién da más?
Dirige Javier Setó, hombre curtido en géneros varios, del épico medieval al fútbol pasando por la comedieta, el musical o el cine negro, y es obra que desde su fugaz estreno hasta hoy parece eso que dicen maldita, o de culto o como sea. Filme insólito a caballo entre las Historias para no dormir televisivas, en su espíritu más que en sus formas, harto más eficaces aquí- y la tradicional ghost story anglosajona, por cuyos aguas navega irreprochablemente. De hecho es tal cual una historia de Sheridan Le Fanu, Edith Warton o la Sra. Oliphant: comparte con todos su sentido del horror sobrenatural, la absorbente narrativa y su capacidad para acongojar.
Cuenta -con excesiva parsimonia inicial, pronto corregida- la historia de amor fou del jovencillo Emilio Gutiérrez Caba con una chica misteriosa que lo mismo se estrella en avión y se mata un día, que te llama por teléfono al siguiente... Y es que el territorio de La llamada es lo espectral, el espacio ambiguo entre este mundo y el otro que tanto frecuentaron los victorianos, y que aquí lleva al pobre Emilio desde Barcelona hasta una casa con aroma a cementerio en la Bretaña francesa. Canónica mansión encantada de aire gótico, de las de mucha madera, arcos en ojiva y asfixiante mobiliario. Y unos habitantes de echarse a temblar.
Elegantes aristócratas, gentes de orden de maneras tan frías, correctas y peligrosas que si dan ya escalofríos cuando se los topa uno en este mundo, imaginen si encima no sabe si están vivos o muertos o algo intermedio en todo caso mucho peor... Custodia el caserón don Víctor Israel haciendo el enajenado; habitan un Paco Morán de ultratumba que da auténtica desazón y un par de damas de moño en ristre, piel en hombros y una sonrisa macabra que ríase usted de Los Otros, los Orfanatos, los niños con baby y toda esa retahíla tan Edward Gorey hoy tan en boga.
Cine a contracorriente, comedido y eficaz, de puesta en escena, fotografía en sombras y encuadres academicistas con fuerte y agradable regusto clásico, de ese que prefiere antes sugerir que mostrar. Y no es que uno desdeñe monstruos ni artificios, ya me conocen ustedes, pero es que donde esté una buena historia de fantasmas... y encima de por estos pagos... menuda alegría...   

2012-05-21

Superhombres Ibéricos: Águila Negra

Nuestra siempre imitada y nunca igualada sección SUPERHOMBRES IBÉRICOS se complace en presentar a
ÁGUILA NEGRA  el justiciero
Harto, más que harto y requeteharto estoy de proclamarlo a los cuatro vientos: la historia del tebeo español no es la que les han venido contando durante años...
Para muestra el botón que viene hoy al Desván, una serie concebida y editada en plena posguerra, en 1948, procedente de los talleres gráficos de editorial Bruguera y con un tema y una imagen que rebosan modernidad por los cuatro costados. Miguel Ripoll Guadayol, uno de los más olvidados genios de nuestra historieta, fue su creador gráfico. Firmaba Ripoll G.; dueño de trazo sintético e inquieto, su obra se dispersa en publicaciones como Florita, la revista de las niñas y jovencitas, o El Coyote, también semanario editado por Germán Plaza donde tuvo que vérselas con otro superhombre de andar por casa, Kay y el Lagarto Humano. Otro día se lo enseñaré.







Don Rafael González, el Hombre para Todo de Bruguera, el guionista sombrío y tenebroso que crease los horrores del Inspector Dan, ideó este proyecto. Serie breve, que el país no estaba para soñar con superhéroes, mitología demasiado ajena y optimista para tiempos miserables como aquellos.
Escapa Águila Negra a todos los tópicos, con ese dibujo tan lejano a las tendencias realistas que entonces imperaban y ese argumento loco, tan devoto de cuanto fuese la América soñada como inalcanzable paraíso.





Nadie sabe de dónde sale este Justiciero Volador, quién es ni a qué se dedica. Un enemigo poderoso en la estela de Fu Manchú lo combate con el objetivo de conquistar erl mundo, como mandan los instintos de su pérfida raza. Por medio, acción, mamporros e iconografía gótica a mansalva: torturas, monstruos, mundos subterráneos, encapuchados, hasta una soberana reina de un ejército de muertos vivientes. Disfruten descubriéndolo quienes no lo conociesen, que no tengo duda ha de ser agradable sorpresa para todos...


2012-05-16

The Whisperer in Darkness

THE WHISPERER IN DARKNESS
Director: Sean Branney. Con Matt Foyer, Daniel Kaemon, Matt Lagan, Autumn Wendel. USA, 2011, pero parece de 1931 (¡VIVA!)

Una de las grandes ventajas de abrazar la Fe del Fan es la gozosa capacidad de vivir algunos filmes como epifanías, portentos, apariciones. Donde otros no ven sino celuloide más o menos bien confeccionado, el creyente percibe ecos de un mundo añorado y a todas luces superior. Lo malo es que el fenómeno, una vez superado el amplio conocimiento de los Sagrados Títulos de la Universal y afines, muy rara vez suele repetirse. Nada extraño en un presente dominado por lo vulgar, lo realista y lo zafio.
¡Quién iba a imaginarse que el Parnaso acechara tras una producción del año 2011, el siglo que viene, como quien dice! Y sin embargo, el milagro se ha producido. ¡¡Aleluya, pues, a celebrar como se debe el advenimiento de El que Susurra en la Oscuridad!! Una producción moderna capaz de poner los pelos de punta al más curtido devorador de fantástico, ejecutada por el mismo equipo de genios que ya diese a luz el año 2005 al clásico silente The Call of Cthulhu, del que hace tiempo les di cumplida noticia AQUÍ. Así que no sean gandules y antes de seguir leyendo, repasen las antiguas palabras de su Abuelito...

Tras varios años de rodaje y producción ha podido la Howard Philips Lovecraft Historical Society -algo que por pomposo que suene no es sino un grupo de fans dedicados en principio a los juegos de rol y más tarde inmersos, por fortuna, en el mundo del cine- estrenar su esperadísimo primer largometraje. Y tal como hicieron con La llamada de Cthulhu, lo han filmado según manda el año de publicación del relato original lovecraftiano en que está basado, en este caso 1931.

Visionar el filme es sentir lo más parecido a lo que un lector de Weird Tales de los treinta debía experimentar al acercarse por vez primera el mundo tenebroso del Mago de Providence. Tal es el prodigio: por más que se conozca la historia, por más que se hayan visto muchas otras semejantes, el filme se acerca a Lovecraft con tal respeto y fascinación  que la pureza de su mirada se transmite casi físicamente al espectador, felizmente transportado a un pasado hecho de papel amarillento, maravilloso sentido de la aventura y la fantasía y genuino espíritu pulp. ¡A ver quién da más...! 

Una fotografía en blanco y negro digna de los mejores filmes del glorioso ayer; un aprovechamiento de los escasos recursos que para sí quisiera cualquier serie B de las de verdad; un guión que sumerge al espectador en el más puro horror, sin prisas pero sin pausas, como diría don Adolfo Suárez; una cámara que rehúye el refrito o el pastiche y se muestra audaz y conservadora al mismo tiempo; unos efectos especiales eficaces y precisos... y un entusiasmo y devoción que, ya les digo, de inmediato sentirán en sus corazones de auténticos amantes del Fantástico... ¡¡¡El mejor título de miedo de esta década, sin duda alguna!!!

2012-05-10

Freixas en la India Misteriosa

DON EMILIO Y EL MODERNISMO HINDÚ

Si existiera en esta tierra asomo de justicia, lo que nunca ha sido, la mitad de capitales contarían con una calle dedicada al dibujante Emilio Freixas, último de los modernistas, cartógrafo minucioso del Universo Feérico, pincel preciso de elegancia exquisita y barroca como pocas en el mundo hubo.
Ya hace algún tiempo les mostré AQUÍ MISMO sus relaciones con los monstruos, criaturas cuya esencia es la fealdad, tan contraria a sus modos estéticos.

Es el de Freixas modernismo tardío, postrero casi, hijo de la escuela catalana de primeros de siglo. De abierta vocación popular, siempre su obra se dirigió hacia las masas, buscando la máxima difusión y huyendo de lo elitista. Seguramente es por eso, por esa dedicación a lo que con un deje de altanería denominan artes menores, por lo que la crítica oficial le ha negado siempre el pan y la sal. Menuda majadería.










Hacia 1947 viajó hacia la India, de la mano del editor Pablo Molino, tras haberlo hecho por el Japón, Bohemia y Escandinavia. Molino, Rey del Pulp Español, hizo honor a su nombre imprimiendo siempre en papeles porosos, con tintas inciertas en las que los negros nunca llegaban a serlo, soportes muy dados a ser comidos por el tiempo hasta adquirir tonalidades amarillo-viejunas. O sea, lo menos indicado para que el arte de don Emilio brillase como debiera. Y aún así...



Es este India irreal, como debe ser. Mundo de lánguidas princesas, arquitecturas imposibles, turbantes colosales, vestiduras cuajadas de joyas, mobiliarios de pedrerías. Aves parlantes coronadas, paladines efébicos de luna y estrella en el rostro, dioses extravagantes y esplendorosos, peces gigantes y mujeres hechas de plumas y gasas.
País soñado, esencia de lo que por Occidente consideramos lo Exótico. Personalmente, adoro visitar estos lugares freixianos con asiduidad. Espero que a poco que su gusto sea algo cultivado, no deje de ocurrirles lo mismo...

2012-05-04

Fog Island

FOG ISLAND
Director: Terry Morse. Con George Zucco, Lionel Atwill, Veda Ann Borg, Jerome Cowan, Ian Keith. U.S.A., 1945
Hala, se dirá más de uno entre ustedes: ya está otra vez el Abuelito dando la tabarra con otro de esos filmes sólo aptos para fans, del año de la nana y repleto de actores de los que veneran él y cuatro chalados más de su misma cuerda. Razón puede que no les falte, mas despreciar producciones menores tan disfrutables como esta no dejaría de ser un craso error. No hay cine para fans: hay cine entretenido y bien hecho y otro que es tostón y cenizo. Y esta Isla de la Niebla, mal que les pese, pertenece a la primera categoría.
Cierto que es festival de actores, de aquellos secundarios habituales de la serie B genuina capaces con su sola presencia de animar cualquier función, de aportar credibilidad a lo inverosímil, de interpretar sin parapadeo lo que les echen. Verdaderos maestros, qué quieren que les diga, modestos y solventes como nadie. Ahí están los dos grandes gentlemen británicos, George Zucco y Lionel Atwill, cuyas virtudes nunca me cansaré de glosar; la bella y gélida Veda Ann Borg, dama de la serie negra de reducido precio; Ian Keith, el actor elegido en principio para personificar a Drácula, desbancado por San Bela Lugosi; o Jerome Cowan, melifluo y gomoso, uno de esos rostros de fino mostacho y reptilesco ademán, malo habitual frente a Sam Spade, el Santo y otros paladines de la Era Pulp.
Es Fog Island policial gótico, mezcolanza muy de mi gusto, con mansión aislada -en una isla, literalmente-, pasadizos, criptas, telarañas y trampas mortales, casi una sucursal en pobre del clásico Diez negritos. Como en aquella, involuntarios huéspedes conviven en un caserón, mirándose de reojo para ver quién es el primero en largarse violentamente al Otro Barrio. Gente elegante, fina, de la que viste de etiqueta para cenar. Y es que esta alianza de la educación con la villanía es combinación difícil de resistir para quien les habla.
Y en eso nadie gana a Lionel y a Zucco, enzarzados en duelo mortal, capaces ambos de mantener sus modales mientras apuñalan, estrangulan o amenazan a sus víctimas. Todo antes que perder la clase, algo de lo que por fortuna van sobrados. Una hijastra inocente, un pipiolo, una medium con turbante, un siniestro mayordomo y un grupo de financieros son los invitados a la enrevesada trampa que el resentido Zucco ha preparado y de la que no se librará ni el apuntador.
Bien merecido lo tienen, qué caray, que para eso son gentes de orden de las que no pierden la compostura mientras asestan la puñalada trapera, como acostumbran a hacer banqueros, leguleyos y otras rapaces criaturas de despacho, ya lo habrán experimentado en sus carnes todos ustedes.
Una realización sencilla, que no plana, sobria, sin alardes y estrictamente funcional, hábil a la hora de crear la necesaria atmósfera y precisa como pocas para no aburrir en ningún momento al espectador. Ya les digo, conformarse con llamarlo filme sólo para fans es hacer flaca justicia a cine tan refrescante como este. Y quien no lo entienda así, que se pregunte de dónde le viene tal cortedad de miras...