CRIATURAS FEÉRICAS
Pueblan el
Bosque, o subconsciente, o lugar salvaje, o mundo astral, que todo ello es según el gusto de cada uno, un sinfín de criaturas, o potencias del alma, o símbolos iniciáticos, o entes preternaturales (ya les digo: aquí cada cual bautiza e interpreta como desea), clasificadas en la larga
Tradición cuyos ecos han llegado mutados, disfrazados, reconocibles... hasta ayer mismo. Su encuentro entraña riesgo y ventura, como sucede con todas las cosas de la existencia.
Hallaremos en aquel espacio a
los Niños Perdidos, nuestro espejo, recorriendo las espesuras en busca de la iluminación. Ayudará tal vez en su peregrinaje
el Enano, ente psicopompo que guarda la
Otra Orilla, guiando al viajero hacia ese
Más Allá situado siempre más cerca de lo que se cree. Que tal ser sea bueno o malo es criterio que allí, en ese mundo, pierde toda significación.
Los Silfos son la especie más ligada a la
Botánica Oculta. Velan el sueño del caminante induciendo en él tanto pesadillas como vislumbres del
Paraíso.
No son
los Elfos seres cuya intención sea comprensible a la primera. Su actitud hacia el humano dista mucho de parecer, al menos en un principio, amistosa...
Es
el Gnomo, en cambio, criatura revoltosa, atolondrada, amiga de fiestas, bromas pesadas y jaranas. A él se deben los ruidos y crepitares de la espesura...
Peores intenciones suele llevar el cruel Trasgo, ente hostil, taimado y engañoso que nunca actúa si no es en su propio provecho. Ahuyenten, si con él topan, a semejante Elemental, o saldrán sin duda malparados.
Vive entre ellos, entre lo visible y lo invisible. Es
la Mujer del Bosque, quien hace tiempo superó su humanidad para integrarse sin fisuras en
lo Salvaje. Mucho cuidado, pues gusta, hembra al fin, de arrastrar tras ella a los ingenuos hombres que creen en sus promesas de sabiduría y riquezas.
Engañosas son también
las Hadas, seres bellos, evanescentes, incapaces de obrar más allá de lo que dicte su capricho. Seductoras hasta provocar la mortal melancolía , según contó con tino notarial don
Herberto G. Wells en su crónica de
Míster Skelmersdale en el País de las Hadas.
Parecidas a las hadas pero pertenecientes al ámbito acuático son
las Ondinas o sirenas, cuyos apareamientos, tan deseados, con humanos acaban por acarrear indefectiblemente la perdición. Por hermosas y bienintencionadas que tales criaturas acostumbren ser...
Femenina y perteneciente al
Bosque es también
la Bruja, asociada a lo oscuro, lo sacro y lo blasfemo. Maridada con las fuerzas malignas, suele frecuentar al mismísimo demonio, con el que llega a compartir, como aquí se ve, vivienda y habitáculo.
Y es que
el Señor de Este Mundo vive en el paisaje del cuento en la masía vecina, con sus cuernos y su rabo, en aquellas casas lejanas, solitarias, en ruinas, que a veces alcanzan a verse desde las carreteras como sinsentidos en la inmensidad del horizonte. Allí, lejos de sus infernales dominios, conoce las mismas vulgares necesidades de todo quisque.
La Bestia, el Monstruo, el inconsciente desatado, la pasión sin freno habita los parajes astrales, acechando siempre a la
Razón. Puede ser sin embargo ser dominada y puesta a nuestro servicio, como saben todos cuantos conocen la célebre leyenda inmortalizada por
madame Leprince de Beaumont.
Custodio de sabidurías vedadas al ser humano es
el Dragón, que necesita ser derrotado para que la
Iluminación pueda ser alcanzada. Una tarea nunca fácil, trabajo del héroe en que todos debemos mutar en tales lares.
El Gigante es sin embargo más ambiguo, no en vano su estirpe caminó por esta tierra mucho antes de que lo hiciéramos nostros. Relacionarse con él entraña peligro, pero también grandes posibilidades de dominio y fortaleza.
Caso distinto es el del
Ogro, invariablemente hostil, avaricioso, aprovechado e insaciable, ávido siempre de la perdición de nuestro espíritu. Cuidado, pues con frecuencia su aspecto traiciona: no en vano la mentira es su esencia.
La misma
Muerte, verdad útima y única certidumbre, habita como uno más las frondas del
Bosque primigenio. Dejen si pueden de temerla, pues contra lo que pueda parecer, es indudablemente la más familiar al hombre entre todas las entidades aquí evocadas...
Guía de ilustraciones:
-Los Niños Perdidos: "Pulgarcito", por Emilio Freixas, Ed. Molino, años treinta.
-El Enano: "Los tres pelos del diablo", por Longoria, ed. Molino, años cuarenta.
-Los Silfos: "Cuentos de hadas españoles", por Jaime Juez, ed. Molino, años cuarenta.
-Los Elfos: "El enano Zarzamora", por Hilda McGavin, col. Marujita, ed. Molino, años treinta.
-Los Gnomos: "El gnomo que fue al mercado", por Hilda McGavin, col. Marujita, ed. Molino, años treinta.
-El Trasgo: "Los dos aprendices", por Emilo Freixas, ed. Molino, años treinta.
-La Mujer del Bosque: "La vieja de los gansos", por Emilio Freixas, ed. Molino, años treinta.
-Las Hadas: "La cierva en el bosque", por Carlos Freixas, ed. Molino, años cuarenta.
-La Sirena: Jaime Juez, ed. Molino, años cuarenta.
-La Bruja:"Los tres pelos del diablo", por Longoria, ed. Molino, años cincuenta.
-El Diablo: "Los tres pelos del diablo", autor anónimo, lámina de cromos sin créditos, años cuarenta?
-La Bestia: "Cuentos de hadas españoles", por Jaime Juez, ed. Molino, años cuarenta.
-El Dragón: "Chapete quiere ser héroe de cuento", por Salvador Bartolozzi, ed. Saturnino Calleja, años veinte.
-El Gigante: "Jack, matador de gigantes", por Albistur, ed. Molino, años cincuenta.
-El Ogro: "Las tribulaciones de Meterete", por John Robert Monsell, ed. Ramón Sopena, años diez.
-La Muerte: "Los mensajeros de la muerte", por Jaime Juez, ed. Molino, años cuarenta.
Como ven, la deuda del cuento -y la nuestra- con el
editor Molino es impagable...