2010-12-17

Dos comedias de Bela Lugosi

THE GORILLA
Director: Allan Dwan. Con Lionel Atwill, Bela Lugosi, los Ritz Brothers, Patsy Kelly, Anita Louise. USA, 1939.

Como ya saben ustedes yo soy un fan como está mandado; fan fatal del fantástico clásico, devoto de Lugosi, Zucco, Karloff, Perico Lorre, Atwill, Rondo Hatton... y su mundo de miserias, sombra, gloria y disparate. Es más placentero que una religión, no da tanto trabajo y lo mismo quita de pensar. Tal sacerdocio exige, eso sí, conocer todas y cada una de las obras de los ídolos del panteón, sean o no de interés objetivo. Como además el hambre de estas cosas nunca se extingue, es lógico que el adicto acabe por devorar hasta las comedias habitualmente tachadas de infames donde Lugosi el Desventurado aparece parodiándose a sí mismo. Que no son pocas y en realidad, ni la mitad de malas que la fama que arrastran.

No he de ser yo quien niegue su categoría de bodrio a títulos como Bela Lugosi meets a Brooklyn gorilla (1952) o las enervantes Ghosts on the loose (1943) y Spook runs wild (1941). Allí lidia el pobre Bela con comicastros ínfimos de la mano de realizadores rutinarios y sin respeto alguno por el trabajo que desempeñan, ni, por supuesto, por su ilustre persona. Sin embargo, otros de estos filmes se dejan ver con agrado, practican una comicidad no tan cercana a la oligofrenia y resultan hoy vigentes y frescos. Es el caso de The Black Cat (1941), You´ll find out (1940) o los dos títulos que acabo de ver, The Gorilla (1939) y Zombies on Broadway (1945).

Mansión gótica, excelente fotografía de claroscuros expresionistas, el caballero inglés perverso y atildado Lionel Atwill, un criminal disfrazado al acecho y dos gorilas de pega a falta de uno. Con semejantes ingredientes sería incluso difícil pergeñar un producto que no contase con el favor del enamorado de estas cosas; Allan Dwan, el veterano maestro de Hollywood (más de cuatrocientos títulos dirige él solito, incluyendo el glorioso Robin Hood -1922- de Douglas Fairbanks) sale airoso con este The Gorilla. Y eso a pesar de contar con el protagonismo de los Ritz Brothers, tres caricatos yanquis de los que entienden que el humor consiste en buena parte en hacer el subnormal ante las cámaras. Sin llegar, de justicia es reconocerlo, a los abismos de abyección de otros artistas de esta misma escuela estomagante como pocas; es más, a veces estos hermanos hasta tienen gracia y todo...

El filme es parodia del género Haunted House,cuyos arquetipos y convenciones conoce al dedillo un espectador amamantado por títulos anteriores como Midnight faces (1926), The Bat (1926), The cat and the canary (1927), The Phantom of Crestwood (1932), Night of terror (1933) y al menos una docena más de similar jaez. Un millonario enredado en turbios manejos -don Lionel- es amenazado de muerte por un criminal que tiene el buen gusto de apodarse "El Gorila" y firmar sus correos con la huella de una garra; la noche en que el asesinato ha de consumarse deambulan por la mansión un siniestro mayordomo -Lugosi-, la asustadiza criada, tres detectives miedicas, la sobrina del gentleman con su prometido, un hombre disfrazado de primate y un gorila de verdad escapado de un circo.

A partir de aquí se sigue una comedia desopilante de las que no concede respiro, en la que los personajes van entrando y saliendo cruzándose sin parar por los mil recovecos, pasadizos y grandes escaleras del enorme caserón de las sombras que les alberga, según manda la tradición del género. Muy bien rodada,brillantemente planificada y construída, salen aquí perdiendo los burdos Ritz Brothers frente a la sabiduría de los titanes Atwill y Lugosi, que con su humor sutil y refinado se los acaban comiendo literalmente en pantalla para dicha de todos nosotros.

ZOMBIES ON BROADWAY
Director: Gordon Douglas. Con Bela Lugosi, Wally Brown, Alan Carney, Anne Jeffreys. USA, 1945.

Siete años más tarde, tiempo que ha servido para que el terror de monstruo y telaraña habite cómodamente los infiernos del género más estereotipado, se embarca Lugosi en una nueva comedia. Ha tenido ya la triste experiencia de rodar dos infamias con los East Side Kids en los estudios del Callejón de la Pobreza; comparados con ellos, los imitadores de Abbot y Costello Wally Brown y Alan Carney que le tocan en gracia en esta humorada de la RKO han de saberle a gloria. O a un mal plato de grasienta paella, cuando menos.

La productora, señalando el camino que en un par de años ha de seguir la Universal, se lanza con Zombies on Broadway a parodiar su propio cine de miedo, en este caso el que muy poco antes hiciesen los venerados Lewton y Tourneur: el filme no es sino una guasa a cuenta del inmortal I walked with a zombie (1943). Transcurre también en la isla de San Sebastián, aparece el mismo zombie larguirucho de ojos saltones y hasta el cantante de calypso Sir Lancelot da la bienvenida con sus insolentes tonadillas a los turistas, tal como acostumbraba hacer bajo las órdenes de Jacques Tourneur. Dirige esta comedia el vigoroso Gordon Douglas, maestro responsable de áridas y violentas series negras (Kiss Tomorrow Goodbye, 1950), filmes de hormigas gigantes (Them!, 1954) o westerns descreídos e iracundos como Río Conchos (1964).

Dos tontos viajan a la isla de San Sebastián comisionados por un gángster para traerse un zombie auténtico que embellezca con su presencia las noches de un elegante cabaret. Dan allí con una hermosa cantante, harta de los trópicos, y con don Bela Lugosi, sabio loco de gótica mansión que gusta de transformar a los hombres en no muertos y tiene a sus órdenes al más célebre entre éstos, la espigada estrella de I walked with a zombie Darby Jones, metido en una ataúd del que solo lo saca para enviarlo a hacer maldades.

El tono de chufla es menos refinado que el de The Gorilla; por fortuna se respetan iconografía y claves del género; la acertada dirección hace hincapié en los aspectos más terroríficos del disparatado argumento procurando no dar respiro al espectador; y algunos hallazgos -el monito zombie que desfila con los brazos levantados, la lucha de Lugosi con este mismo tití, la transformación de uno de los comicastros en muerto viviente- son francamente hilarantes. Como la actuación del Húngaro Inmortal, en un papel que sería capaz de hacer a ojos cerrados, pero que cuenta aún con su interés y su chispa. Por no decir el gozo secreto que embarga al fan cuando lo ve en pantalla dando órdenes a la criatura de Val Lewton y Tourneur, un cruce de monstruos que uno no creía poder llegar a contemplar...

4 comentarios:

Wolfville dijo...

Hombre, en efecto se pasa un rato estupendo con ambos artefactos (ver a Lugosi siempre sabe a gloria, aun en sus momentos más bajos), aunque supongo que son carne de completismo para "lugosianos" como nosotros.

Y "atwilianos", que demonios. El otro día volví a atisbar al gran Lionel revisionando "Ser o no Ser" del amigo Ernst, otro húngaro de los que hacen época.

Un saludo.

El Abuelito dijo...

Sí, carne de completismo sí que son, pero qué vamos a hacerle... Esta enfermedad es así... incurable, al parecer...

angeluco10 dijo...

Estoy totalmente de acuerdo.Películas infamantes,malas de solemnidad,catastróficas emisiones del séptimo arte.....pero que nos encantan.Yo las adoro.

El Abuelito dijo...

¡Diga usted que sí, Angeluco! Yo hasta les voy encontrando virtudes, cada vez debo estar más infectado, ay...