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2008-04-17

Attack of the Puppet People

ATTACK OF THE PUPPET PEOPLE
Director: Bert I. Gordon. Con John Agar, June Kenney, John Hoyt, Jack Kosslyn. b/n, USA, 1958.

Ea, la verdad por delante: cuando el otro día supe que la iban a dar en la tele, pensé: "Hala, ya nos saldrá Don Humberto I. Gordon con sus gigantes y sus enanos, que para eso se ha pasado más de treinta años dedicado a alterar los tamaños de cuanta criatura ha podido y hacer luego con ello una película". Para algo es el responsable de Amazing colossal man, War of the colossal beasts, El imperio de las hormigas, The cyclops, Village of the Giants o las dos partes de El alimento de los dioses. Y vaya, no me engañaba. Sólo que aquí está Bert Gordon en estado puro, de gracia. Inconmensurable en sus manías y limitaciones, y más acertado que nunca.

El argumento, claro está, gira en torno a la reducción de personas. Un fabricante de muñecas -más bien un artesano del gremio- triste y solitario se dedica a encoger seres humanos al tamaño de una Barbie, en su paupérrimo laboratorio de Manhattan.
Es persona muy amable y amiga de los niños, un ser bondadoso con este único vicio, que dicho sea de paso, ejerce sin ton ni son ni sacar aparentemente beneficio material alguno. Saca a los muñecos de su letargo inducido, los pone a bailar rock n´roll, a beber mini botellas de champagne, a vestirse de etiqueta... hay que decir que la mayoría de reducidos aceptan con mucho agrado esta vida, entre lo vegetativo y lo lúdico, y se lo pasan la mar de bien (como en el mundo real, vamos). Hasta que le dé por empequeñecer a las personas equivocadas, que le saldrán respondonas y alterarán las constantes de su querido universo cuasi intrauterino.

Un modelo de serie B, con sus buenas dosis de locura, bien narrado, coherente y si me apuran, hasta comedido y todo. Qué contento estoy, que por fin puedo poner a mi querido Humberto Gordon entre los grandes de esta casa. ¡Viva!

2009-03-20

Tormented

TORMENTED
Director: Bert I. Gordon. Con Richard Carlson, Susan Gordon, Lugene Sandres, Juli Reding. USA, 1960

Voy a seguir dándoles la murga un poco con lo buenas que son las películas de miedo de los cincuenta, esas que según qué libro de historia del género lea usted parece que no hayan llegado siquiera a existir entre tanto platillo volante y tanto monstruo verde desafiando al mundo.

Un viejo amigo de esta casa, don Berto I. Gordon, es el director de esta joyita que traigo acá bajo el brazo. Por una vez se ha decidido a dejar guardado su repertorio de cíclopes, muñecos vivientes, gigantes de toda laya e incesantes trucos mágicos de baratillo. Tormented es una película de fantasmas, clásica como debe ser, comedida para lo que entonces da de sí el género (que no son otra cosa que las deliciosas estridencias de don Guilermo Castillo con sus Emergos, sus Casas de la Montaña Embrujada y sus Trece fantasmas), una muy grata sorpresa que me reconcilia con Berto una vez más.

Como las buenas historias del género, Tormented se desarrolla en una atmósfera la mar de cotidiana en la que van irrumpiendo como quien no quiere la cosa un montón de crecientes fenómenos espectrales. La celosa ex-novia del desdichado protagonista tiene la culpa desde el Más Allá. Una moderna casa en la playa sustituye la habitual mansión gótica, marco en el que cualquiera de nosotros puede reconocerse.

Pisadas en la arena sin persona que las cause, discos que se ponen a sonar sólos, voces susurrantes, manos ectoplásmicas que roban sortijas, cabezas parlantes decapitadas, fantasmas transparentes. Todo más explícito que sugerido, mediante truquillos simples y eficaces que Berto y su señora esposa elaboran con precisión artesana.



Y una acción que avanza inexorable hacia el previsible desastre en que todo concluye, y una atmósfera de miedo de la que tiene buena parte de culpa una niña, que infancia y fantasmas siempre hicieron buena pareja (por cierto, Susana Gordon, hija de Berto que ya asomaba en Attack of the puppet people)... Una historia modélica, qué quieren que les diga. Los puretas la tacharán de previsible, ingenua, risible y cuantas cosas más quieran, pero lo que soy yo estoy encantado con este clásico olvidado. Y de nuevo lo repito: que viva Bert I. Gordon, por muchos años!