2009-05-08

El Abominable Hombre de Papel

EN BUSCA DEL YETI

Nobleza obliga, y a la hora de emprender este repaso en busca del Yeti por los tebeos españoles, hay que empezar por el gran Roberto Alcázar. En dos ocasiones topó con este ser; excepcionalmente, en ninguna acabó zurrándole la badana.

En los sesenta el antropoide llega a protagonizar una serie para la astrosa editora Vértice. Penosísimas aventuras con unos dibujos que da lástima de verlos. Con decirles que este Yeti trabaja para la ONU... Hasta la portada es un plagio de otra cubierta del Creepy americano. Más malas pulgas tiene el que bigote en ristre sale de su cueva para merendarse a los cazadores en este ejemplar de la colección Aventuras...
Los superhéroes de los cincuenta -los españoles, claro- también tuvieron sus más y sus menos con el Abominable. Vean aquí cómo los jocosos gigantes peludos del Himalaya se dedican a chinchar al bueno del Duende; al trogolodita de malos instintos en su involuntaria visita a la ciudad, donde Superhombre tendrá que encargarse de enseñarle modales; admiren al hirsuto coloso de torva mirada que se lleva su presa tan tranquilo ante las mismas barbas de Átomo Kid....

Y es que por estos pagos el Abominable no era todavía el simpático peluche que ahora nos venden. Ha de ser el genio de Boixcar quien venga a redimirlo haciéndole protagonizar una de sus fábulas morales ilustradas. Miren ustedes qué cara de guru jipi que le ha pintado...

De arriba hacia abajo:
- Roberto Alcázar. Almanaque 1961 y cuaderno de la misma época, por Eduardo Vañó.
- Aventuras. Toray, 1968. Portada de Antonio Borrell. Viñeta de Carlos Marqués.
- Yeti. Vértice, 1969. Portada de Enrich tomada de Frank Frazzetta.
- El Duende. Maga, 1961. Dibujos de Jesús Serrano.
- Superhombre. Ferma, 1956. Portada de Juan Giralt.
- Átomo Kid. Toray, 1958. Portada de Braulio Rodríguez.
- Ocurrió una vez. Toray, 1959. Portada y viñeta de Boixcar.

2009-05-05

Das indische Grabmal / La tumba india

DAS INDISCHE GRABMAL
Director: Joe May. Con Conrad Veidt, Mia May, Bernard Goetzke, Olaf Fönss. Alemania, 1921
Dedicado con afecto a mi díscolo nietecito Piedras Blancas

Hay que ver cuánto les gustaba a los alemanes de entre guerras la cosa de la India, sus misticismos y sus misterios: sería por su manía con lo ario, tal vez, que de allí se dicen originarios tales especímenes, el caso es que proliferaron libros y películas fascinados por un mundo de harenes, yoguis, tigres y fakires.

Acuérdense sin ir más lejos de La Luz de Asia (1925), una biografía de Buda rodada por el germano Franz Osten en las tierras natales del santón, o de ese Der Yoghi (1916) de Paul Wegener que tanto me gustaría ver algún día. Por no mencionar las posteriores excursiones nazis por el Tíbet que tanto dieron que hablar...
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Todos ustedes conocen, sin duda, las últimas películas que rodase Fritz Lang una vez regresado a Alemania tras sus años americanos. Entre ellas está un dueto colosal, La tumba india y El tigre de Esnapur, de 1957.

Lo que a lo mejor ignoran es que estos filmes son remake de una producción alemana que con guión del propio Lang y su señora Thea von Harbou (quienes por cierto empezaron a festear durante este rodaje) dirigiese Joe May en 1921. Lo cual, dicho sea de paso, no gustó nada a don Fritz, que esperaba que tal honor recayese sobre sus hombros. Con los dientes apretados se retiró de la escena, jurándose que algún día sería el director de La tumba india. Treinta y seis años más tarde había de conseguirlo.




Esta versión primera es colosal, vaya por delante, superproduc---ción con megadecorados de cartón piedra, elefantes de verdad, palacios auténticos y docenas de extras con turbante. Joe May, hombre de prestigio entonces, es un esteta que cuida los planos como si fuesen cuadros, a veces con ese expresionismo de pesadilla que tan bien se ajusta al concepto europeo de "lo oriental": estatuas de extraños dioses, odaliscas, templos subterráneos, atavíos insólitos, cráneos mondos y luengas barbas.

Además el elemento fantástico que falta en la moderna abunda aquí generosamente. La primera parte está cuajada de maravillas, todo cuanto traiga ecos de ocultismo exótico aparece de algún modo: viajes en el medio astral, la resurrección de un muerto, magia, hasta una mano etérea que flota en el aire. El clímax se alcanza con la cámara secreta en que los locos fakires se inflingen martirios para alcanzar el Nirvana, en escena literalmente alucinante.






Una fotografía excelsa y unas interpretacio--nes voluntariamen-te artificiosas a tono con lo ceremonioso del relato -magnífico Conrad Veidt, Rey Teutón de los Miedos Silentes- contribuyen a forjar la Gran Obra.
Lástima que el elemento melodramático, nudo de la trama, no cuaje igual de bien. Y es que ante la magia y la aventura pura poco pueden las historias de amor de dos amantes provectos o los adulterios de la esposa del rajáh.



Con todo, durante sus casi cuatro horas me mantuve boquiabierto más de dos, sin poder dar crédito a tanta belleza como desfilaba ante mis ojos. Cómo debía añorar el señor May veinte años más tarde, mientras rodaba en Hollywood toda clase de series B (El Hombre Invisible vuelve, entre otras) los viejos buenos tiempos de las superproducciones arias. Y es qué quieren que les diga, Lang se saldría con la suya... pero nada tiene que envidiar esta versión muda a la moderna en colores. Que no sea más bien al contrario, miren lo que son las cosas...

2009-04-30

Mack Wan - Última entrega

MACK WAN EL INVENCIBLE - 3
Dedicado a mi nietecito Álvaro Pons, amo de la sapientísima Cárcel de Papel

Perdonarán mi flaca memoria: aquí tienen la tercera y última entrega del primero de los Superhombres Ibéricos, esta simpar Mack -Wan el Invencible. Si pinchan aquí y aquí como por ensalmo irán a las entregas anteriores, donde encontrarán el resto de imágenes con las que confeccionar una bonita carpeta para guardar en su disco duro y regocijar su espíritu de cuando en cuando posando su vista sobre tan reconfortante colección.

El trazo firme y seguro de Marc Farell nos brinda cubiertas e ilustraciones interiores de un sabor pronunciado poco apto para paladares no acostumbrados. Farell ilustró numerosas historietas de ciencia ficción extravagante en las revistas de ediciones Marco durante los años treinta: La risa infantil, Rin Tin Tin y otros títulos que sin duda todos ustedes conocen de sobras.
Como ven el trepamuros sigue haciendo de las suyas junto a su ayudante juvenil de mutilado rostro. Estética añorada, aquí está la genuina raíz de los ensueños posteriores del siglo XX. Misterio servido en lenguaje sincero y elemental, confuso y agitado como su misma época. Y metáfora también, la que viene a desmentir tanta apariencia de normalidad burguesa a base de enmascarados, locos, seres deformes y viejas maltratadas. Tosquedad y hermosura.
No se engañaba Mack Wan cuando lo sacaban del sueño: la realidad solía irrumpir así de contundente cada mañana... No puedo asegurar con certeza que el escritor de Mack Wan sea Canellas Casals, autor de obra prolífica, novelista, guionista del inmenso Emilo Freixas en Chicos, director de ediciones Marco, colaborador de editorial Grafidea, hombre de imaginación febril y prosa solemne que juega papel decisivo en las ficciones populares de la inmediata posguerra. Como les reservo una sorpresa en la que toma parte este gran catalán, allí les hablaré de tan señera figura de nuestras letras.


Vaya, se acabó Mack Wan. Rico y con su patrimonio restituído, como debe ser.
Ni se imaginan la bomba que les tengo preparada, amantes del folletín y las estéticas añejas. En breve asomará por aquí, ya viene volando por los aires la obra magna del fantástico español de los años treinta. ¡¡Todas las imágenes!! ¡Y GRATIS por cortesía de su Abuelito!!
¡¡NO SE LO PIERDAN!!

2009-04-28

Zombies of Mora Tau

ZOMBIES OF MORA TAU
Director: Edward L. Cahn. Con Gregg Palmer, Allison Hayes, Joel Ashley, Marjorie Eaton. USA, 1957

A vueltas me tienen otra vez reivindicando el cine de miedo de los años cincuenta, en esta ocasión además dispuesto a dejar en el sitio que merece al señor director del filme, don Eduardo L. Cahn, de quien ya hace tiempo disfruté de un programa doble que pueden repasar pichando aquí.

Artesano, que se dice ahora, hábil como pocos; diestro en lidiar presupuestos infames y salir harto más airoso que la mayoría de sus colegas. Amigo de argumentos extravagantes que saca adelante con la mayor dignidad, es el Gran Kahn titán de la serie B en el sentido literal de tan abusado término, de modales académicos impecables que nada tienen que ver con el cine chapuza de Ed Wood y otros -no despreciables- creadores. Y eso que no baja de siete u ocho películas por año.

Sus filmes de terror, que poco a poco irán desfilando por aquí, son herederos del cine de los treinta, bien iluminados y fotografiados; interesados en la creación de atmósfera en la corta medida que permiten sus paupérrimos medios, con un estilo visual y un pathos heredero del de los años de gloria del género.

Claro que no hay apenas maquillajes ni efectos especiales, y que los decorados son parcos a no poder más. Pero Cahn siempre se las arregla para dar a sus productos un look y un acabado de serie A que contrasta muy agradablemente con unos guiones habitualmente enloquecidos: las cabezas cortadas y recosidas de The four skulls of Jonathan Drake, la zombie mutante de La mujer vudú, el prototípico mad doctor de Creature with the atom brain o los marcianos cabezones de Invasion of the Saucer Men.

Zombies of Mora Tau es una historia de terror contada en clave de relato de aventuras, aunque también podría definirse al contrario. Tejida con mimbres clásicos y comedidos, cuenta la peripecia de un grupo de buscatesoros enfrentados a una docena de zombies blancos e incorruptos. Los muertos vivientes custodian una fortuna en diamantes que se halla en un barco hundido en el océano.


Son superfuertes e invulnerables; capaces de caminar bajo el agua, duermen en ataúdes cuando no vagan matando por la jungla o echándose mozas al hombro para llevárselas a su cripta. En vida fueron la tripulación que robó los diamantes sagrados a una tribu ignota, pagan así eternamente su sacrilegio.

Personajes arquetípicos entre los que destaca Allison Hayes, poderosa hembra zorruna que encarnase también a la Mujer Gigante; una mansión habitada por una vieja de maneras brujeriles que en realidad se reduce a un par de habitaciones; luchas submarinas... ¡rodadas sin agua!; paseos por una jungla diminuta en unas costas surafricanas sin un sólo negro... limitaciones que no impiden un desarrollo coherente de la acción, muy centrada en el acoso a un buque por parte de los zombies que emergen del fondo del mar.

Habitualmente la crítica tiende a cargarse el cine fantástico de Cahn metiéndolo en el mismo saco con el de otros realizadores tan torpes como voluntariosos, cuando precisamente sus títulos rezuman profesionalidad y clasicismo por los cuatro costados. De esta pequeña joyita he llegado a leer en la blogosfera críticas que la tildan de demencial, sosteniendo que salen zombies negros nativos en una isla... la descartan sin siquiera haberla visto. Así que desconfíen de imitaciones y hagan caso a su Abuelito, que ha perdido media vida mirando estas películas para poder contárselas sin decir mentiras!!

2009-04-24

Balaoo, el Simio Hombre

A VUELTAS CON BALAOO
Dedicado a mi nietecito Balaoo, de allende los mares

Viajando por el fabuloso Museo Icónico de la Cultura Popular, me encuentro con una edición argentina de 1934 de la obra Balaoo, de Gaston Leroux, el ilustre folletinista creador del detective Rouletabille y del inolvidable Fantasma de la Ópera.

No he leído nunca la historia de este simio convertido en hombre que cuenta Leroux. Para los políglotas, les diré que aquí está la novela entera en inglés, con las ilustraciones que traigo a colación hoy. Para los demás, que busquen otros títulos más asequibles: La esposa del Sol, La muñeca sangrienta o La máquina de asesinar los editó Austral. Y El misterio del cuarto amarillo y el fantasma se encuentran por castigo.

Quien no tenga ganas de leer, puede revisar el maravilloso filme El secreto del Doctor Renault, serie B canónica que nunca me hartaré de recomendarles. Se dice basado en la historia de este desdichado mono convertido en hombre, exiliado de sus junglas, enamorado de una joven dama sin esperanzas y esclavo de sus instintos animales.

Deleítense, en todo caso, con estas ilustraciones. Las de color son obra de Jules Donzel, y pertenecen a la primera edición de 1913. Las de blanco y negro también, pero las dibuja un tal H. Thiriet. Y quedan dos de otra edición francesa, que identificarán fácilmente... A ver si un día Valdemar se anima y nos obsequia con este Simio- Hombre...